14 enero, 2026

Guido Di Tella y su trabajo como ingeniero, académico y canciller argentino

 • Es ingeniero economista con formación en el MIT, heredero de la dinastía Siam Di Tella. Llevó a la Argentina a protagonismo internacional como ministro de Relaciones Exteriores de Menem.

Cuando piensa en líderes históricos que han sabido transitar sin esfuerzo entre el mundo empresarial, académico y diplomático, quizás el nombre que mejor condensa esa versatilidad es el de Guido José Mario Di Tella. Nieto del industrial fundador de Siam Di Tella, Di Tella fue ingeniero industrial, doctor en Economía, académico y uno de los cancilleres más duraderos de la historia argentina. Su trayectoria ilustra el puente entre el crecimiento industrial, el pensamiento académico y la construcción de una política externa influyente.

Del legado industrial al pensamiento estratégico

Guido Di Tella nació en Buenos Aires en 1931, se graduó de ingeniero en la Universidad de Buenos Aires y completó un doctorado en Economía en el MIT. 

Heredero de Siam Di Tella —emblema de la industrialización argentina— reinvirtió parte de la fortuna familiar en instituciones culturales y de investigación. Fue presidente del Instituto Torcuato Di Tella, núcleo generador de pensamiento social y económico avanzado en la Argentina de aquel entonces.

La diplomacia como proyecto industrial y cultural

Como canciller, Di Tella articuló una diplomacia moderna, suave y estratégica. Además, fue esencial en la vinculación de la Argentina con el Reino Unido tras la Guerra de las Malvinas, con gestos tan simbólicos como la entrega de juguetes a niños isleños o el envío de vídeos explicativos. 

Su frase “relaciones carnales” con EE.UU. fue la síntesis de un vínculo particularmente estrecho y simbólico, que reflejaba una política exterior orientada a abrir puertas al comercio, la cooperación y el flujo de tecnología.

Un estilo de liderazgo atípico y estratégico

Di Tella representó un estilo contracultural dentro del peronismo: un dirigente académico, refinado, que curiosamente se mantuvo firme con convicciones en medio del tumulto político. Fue, según muchos, “el guante blanco” de la política argentina. Su mirada estratégica —la de un intelectual con formación técnica— permitió a la Argentina un papel relevante en el concierto internacional.