Metodología científica
El método científico integra observación, experimentación y formulación de hipótesis, evolucionando desde la filosofía clásica hasta las ciencias modernas.
Los precedentes metodológicos de la ciencia se sitúan en las escuelas filosóficas de la antigüedad, con especial relevancia para el desarrollo occidental del pensamiento griego clásico. Los fundamentos de la actitud filosófica griega ante la ciencia, aunque notablemente evolucionados, conservan parte de su vigencia en la actualidad. No es extraño entonces que uno de los principios básicos del método científico, que define la ciencia como un sistema de proposiciones a las que se puede reducir el conjunto de su experiencia sin perder generalidad, proceda de la axiomática de las lógicas platónica y aristotélica de la cultura helénica.
La visión estática de la ciencia que preconizaban los sabios antiguos y medievales, conforme a la cual los sistemas y leyes científicas se obtenían a partir de silogismos deductivos establecidos desde premisas abstractas, se modificó sustancialmente desde las aportaciones de la física del siglo XVII, pionera en la construcción de criterios metodológicos. Las principales innovaciones, debidas a personajes como Galileo y Newton, hicieron hincapié de modo preferente sobre la trascendencia de la observación y la experiencia en la exposición de las teorías científicas. Paralelamente, se admitió la evolución de la técnica y la instrumentación como una aportación de primer orden en el desarrollo del conocimiento. Sirva como ejemplo el papel desempeñado por el empleo de telescopios y microscopios. El ciclo de comprensión de la experiencia cognoscitiva se sintetizaba en el denominado método hipotético deductivo, que obtenía a partir de la extrapolación de las observaciones y los experimentos un conjunto de hipótesis sobre las que aplicaba el sistema deductivo clásico para expresar las leyes particulares de sus fenómenos. Esta metodología impulsó considerablemente los logros de las ciencias naturales y se tradujo además en la sustitución del lenguaje utilizado hasta entonces por la ciencia, acorde con los enunciados de la lógica filosófica, por una simbología concisa inspirada en el formalismo matemático.
No obstante, aún habría de producirse un nuevo salto cualitativo en la concepción del método científico con la irrupción de los aspectos sociales y humanos en el ámbito de las ciencias. La inclusión de especialidades como la sociología y la economía, y la admisión en el grupo de actividades de esta índole de una disciplina como la historia, sistemáticamente rechazada como ciencia hasta el siglo XIX, hubieron de vencer un prejuicio fundamental: la idea de que los objetivos y fenómenos científicos debían ocupar el espectro de lo universal, en el que no resultaba inmediato incluir las particularidades y el carácter imprevisible y accidental del comportamiento del hombre en su entorno social. El hallazgo de puntos comunes entre las ciencias humanas y naturales se incrementó con las hipótesis de la teoría cuántica, según la cual los componentes ínfimos de la materia o partículas elementales no obedecen a leyes causales, sino que observan en su evolución individual un comportamiento incierto análogo en sus efectos al de seres que actúan bajo voluntad propia.
Así, los postulados de la estadística y la probabilidad matemática se convirtieron en elementos compartidos y manejados por todas las especialidades de la ciencia, como un símbolo de la unidad de sus propósitos y sistemas de análisis. Varios son los principios generales que rigen la metodología científica actual. Se acepta la necesidad de un formalismo y un lenguaje de comunicación simbólico y universal. Se concede una especial trascendencia a la observación y a la experiencia como fuentes básicas del conocimiento científico, a partir de las cuales se obtienen como resultado de procesos inductivos las hipótesis y teorías generales. Las doctrinas científicas se revisan y evolucionan constantemente de acuerdo con los nuevos descubrimientos y aportaciones teóricas. Por último, se acepta la influencia que tiene la actividad deI investigador y la calidad de material instrumental disponible sobre los resultados de las experiencias y teorías de la ciencia. La historia de las posturas filosóficas y metodológicas de la ciencia y algunos aspectos sobre los sistemas de medición empleados por ella.
El desarrollo en la historia del pensamiento fue muy temprano, es de fenomenología inamovible y universal que se estudió ser precursoras de los primeros logros en los criterios de clasificación, experimentación y establecimiento de métodos de trabajo, y actuar como elementos impulsores de las doctrinas científicas, conservando un lugar preeminente durante la eclosión de las ciencias sociales. Desde un punto de vista histórico, la primera de las ciencias naturales con una entidad propia y definida fue la astronomía, que amplió su campo de estudio a los confines del Universo conocido a lo largo de un progresivo enriquecimiento experimentado en el curso de los siglos. La mecánica, de orígenes igualmente remotos, evolucionó rápidamente gracias a la construcción de artilugios que ayudaron a la comprensión de las nociones de equilibrio y estabilidad de los sistemas físicos. Ambas disciplinas, astronomía y mecánica, se revelaron tras la formulación en el siglo XVIII de las teorías de la gravitación universal como dos ramas de un mismo fenómeno. En efecto, la atracción que se ejercen mutuamente los cuerpos materiales motivaba tanto la ordenación armónica de los objetos astrales como las interacciones de las masas sobre la superficie terrestre.
