30 enero, 2026

Adriana Serquis: la científica que lidera con convicción y cercanía en la energía nuclear argentina

En un país donde hablar de energía suele ser sinónimo de debates políticos y económicos, Adriana Serquis logró instalar un matiz distinto: el de la ciencia como motor de desarrollo estratégico y, al mismo tiempo, de inclusión social. Desde 2021 es presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la primera mujer en ocupar ese cargo en más de 70 años de historia, y su liderazgo combina la rigurosidad de la física con una mirada profundamente humana.

“No podemos pensar en ciencia sin pensar en las personas que la hacen y en la sociedad que la necesita”, dijo en una entrevista con Télam. Esa convicción atraviesa su gestión, donde insiste en vincular la investigación nuclear no solo a la producción de energía, sino también a la salud, la educación y la formación de nuevas generaciones.

De Bariloche al liderazgo nacional

Nacida en Buenos Aires pero formada en San Carlos de Bariloche, Serquis se doctoró en Física en la Universidad Nacional de Cuyo y desarrolló gran parte de su carrera en el Centro Atómico Bariloche. Allí no solo se destacó como investigadora en superconductividad y nanomateriales, sino también como docente y formadora de equipos.

En varias ocasiones recordó lo difícil que fue abrirse paso como mujer en ámbitos dominados por varones. “Todavía cuesta que nos reconozcan como líderes, incluso cuando tenemos la misma formación y trayectoria que nuestros colegas hombres”, señaló en diálogo con Perfil. Su designación al frente de la CNEA fue, en ese sentido, un punto de inflexión: un reconocimiento a décadas de trabajo silencioso y también una señal política de apertura.

Liderar desde la ciencia y la escucha

Serquis suele remarcar que la ciencia no se construye en soledad, sino en equipos. “Yo aprendí a liderar escuchando”, confesó en una entrevista con La Nación. Esa forma de conducir se refleja en la manera en que reorganizó áreas de la CNEA: generando espacios de diálogo entre investigadores senior y jóvenes becarios, promoviendo la igualdad de género en los proyectos y defendiendo la federalización de la investigación.

Para ella, el liderazgo científico requiere traducir la complejidad técnica en propuestas concretas que beneficien a la sociedad. Así, subraya el valor de la medicina nuclear, de los desarrollos en energía limpia y de la formación de técnicos y profesionales que luego son absorbidos por la industria.

Ciencia con impacto social

Uno de los puntos centrales de su gestión es mostrar que la energía nuclear no se reduce a centrales y reactores. Bajo su mandato se impulsaron proyectos de radioterapia oncológica en hospitales públicos y programas de extensión educativa en comunidades alejadas de los centros urbanos. “La ciencia no puede ser un lujo para pocos, tiene que estar al servicio de todos”, sostuvo en declaraciones a Télam.

Su liderazgo se nota también en el modo en que enfrenta las críticas. Ante quienes cuestionan las inversiones en energía nuclear, responde con datos concretos sobre el ahorro energético, la seguridad de los reactores y la capacidad exportadora del país. Pero no pierde de vista la dimensión humana: siempre vuelve al impacto en la vida cotidiana de los argentinos.

Inspirar a nuevas generaciones

Quizás el aspecto más visible de su estilo es la apuesta por inspirar. En cada entrevista insiste en la importancia de que más jóvenes, especialmente mujeres, se animen a estudiar carreras científicas. “Yo también dudé, también sentí que no podía”, confesó en una charla para la Universidad Nacional de Río Negro. 

Esa honestidad genera cercanía y la convierte en referente no solo para físicos e ingenieros, sino también para estudiantes que ven en ella un modelo posible.