31 enero, 2026

¿Quién es el líder que convirtió el diseño en un lenguaje universal?

Cuando se habla de los grandes cambios tecnológicos de la última década, pocas historias condensan tan bien el cruce entre propósito y visión como la de Melanie Perkins, cofundadora y CEO de Canva. Desde Australia, y sin la tradición de Silicon Valley detrás, logró crear una de las plataformas más usadas en el planeta para diseñar y comunicar. Pero lo que distingue a Perkins no es solo el éxito de su empresa, sino su manera de entender el liderazgo.

La innovación necesita coraje, claridad y un propósito”, dijo en una entrevista reciente. En esa frase está resumida su filosofía: el coraje para sostener una idea que parecía improbable, la claridad para comunicarla en contextos hostiles y el propósito de democratizar una herramienta que hasta entonces era exclusiva para profesionales con acceso a software costoso y complejo.

Democratizar la creatividad

Perkins suele contar que su motivación inicial fue la frustración de sus propios alumnos. Mientras daba clases de diseño gráfico en la Universidad de Australia Occidental, veía cómo los estudiantes se angustiaban frente a programas que requerían meses de práctica. “Diseñar no debería ser un privilegio técnico, tiene que ser tan fácil como arrastrar y soltar”, recuerda.

Ese principio fundacional explica por qué Canva se expandió con tanta rapidez. La plataforma no solo simplificó la creación de presentaciones, logos o videos: también modificó la forma en que millones de personas se comunican a diario. Por cada segundo se generan nada más y nada menos que 150 diseños en Canva, desde campañas escolares hasta proyectos de grandes empresas.

Un liderazgo distinto al molde de Silicon Valley

A la profesional le gusta hacer hincapié en la comunidad y cultura organizacional antes que en los logros individuales. “El liderazgo no es tener todas las respuestas, sino crear un espacio donde las mejores ideas puedan surgir”, suele repetir.

En Canva, no es casual que la compañía haya pasado de unos pocos fundadores a más de 4.000 empleados sin perder agilidad ni capacidad de innovar.

Su mirada también rompe con el estereotipo del emprendedor obsesionado por el crecimiento a cualquier costo. “Si Canva deja de ser útil para la gente común, entonces habremos fracasado”, advirtió en un foro de tecnología. Para Perkins, la métrica no es solo la valuación de mercado, sino el impacto cultural de su creación.

Propósito social como norte

Uno de los rasgos más fuertes de su liderazgo es el compromiso con la inclusión. Desde el inicio decidió que Canva sería gratuito para escuelas y organizaciones sin fines de lucro. Hoy, más de 250 mil instituciones educativas y unas 130 mil ONGs utilizan la plataforma sin costo.

Si tenemos una herramienta que amplifica voces, nuestra obligación es ponerla al servicio de quienes más lo necesitan”, afirma. Esa convicción se traduce en políticas concretas: capacitación en comunidades vulnerables, acceso a versiones premium para docentes y alianzas con proyectos de alfabetización digital.

Diversidad y género en la cultura empresarial

Perkins defiende la importancia de abrir espacios de liderazgo femenino. En Canva, más del 40% de los puestos directivos están ocupados por mujeres. Para ella, no se trata de cumplir con una cuota, sino de aprovechar un talento que históricamente fue relegado.

La diversidad no es solo un valor moral, es también una ventaja competitiva. Equipos diversos toman mejores decisiones y entienden mejor a los usuarios”, sostiene. Ese enfoque la llevó a ser reconocida en 2021 por Forbes como una de las mujeres más influyentes en los negocios.

Impacto cultural más allá de la empresa

Canva no solo transformó la industria del diseño: también cambió la cultura digital. Miles de profesionales encontraron en la herramienta un modo de expresar sus ideas sin depender de expertos ni de presupuestos altos.

Durante la pandemia, la plataforma se volvió central para la educación remota. Miles de maestros en todo el mundo la usaron para generar materiales interactivos y mantener el vínculo con sus estudiantes. “Cada cartel escolar, cada presentación o campaña social diseñada en Canva es un recordatorio de por qué hacemos lo que hacemos”, dijo Perkins en una entrevista con Fast Company.

Una visión de largo plazo

Hoy, con 37 años, lidera una empresa valorada en miles de millones y considerada uno de los “unicornios” más sólidos fuera de Silicon Valley. Pero lejos de enfocarse solo en la expansión, insiste en mantener la coherencia con la misión original. “La innovación sin propósito es solo una moda pasajera. Lo que importa es que genere un impacto duradero en la vida de las personas”, explicó en Bloomberg.

Su desafío ahora es acompañar el crecimiento de Canva en nuevas áreas como la inteligencia artificial aplicada al diseño, sin perder la accesibilidad que la hizo popular. Y, al mismo tiempo, sostener una cultura que priorice la colaboración sobre la competencia.

El legado en construcción

La historia de Melanie Perkins no es la típica épica de Silicon Valley, y ahí radica buena parte de su fuerza. Una joven australiana que desafió prejuicios, que recibió decenas de rechazos antes de conseguir inversión y que nunca abandonó su idea de democratizar la creatividad.

Su liderazgo se define menos por la grandilocuencia y más por la persistencia, la escucha y la convicción de que la tecnología tiene sentido solo cuando mejora la vida de las personas. En sus propias palabras:
“Nuestro sueño es empoderar a la próxima generación de comunicadores. Cada diseño que nace en Canva es parte de ese camino”.