Tecnología y cultura
La tecnología como expresión material y organizativa de la cultura redefine la relación del ser humano con los objetos, las acciones y las estructuras sociales que él mismo crea.
Un estudio de un área del conocimiento suele comenzar con una marcación de sus límites y con un inventario de lo que abarcan esos límites, tanto para definirlo y delimitarlo como para establecer sus relaciones con aquello que queda fuera de los límites. Al contemplar un fenómeno tan complejo como la artificialidad, nos vemos inmediatamente tentados de separar lo tecnológico de los demás aspectos de lo cultural: lo artístico, lo religioso, lo ético, lo sociológico, etc. Sin embargo, este intento de clasificación es en sí mismo una distorsión de una realidad inseparable.
Una de esas maneras de actuar sobre los objetos es crearlos, hacer que existan cuando antes no existían. En el capítulo anterior, cuando señalamos la preeminencia metafísica de la acción definiendo el acto tecnológico como la acción junto con la reflexión sobre ella misma, no hemos puesto al artefacto, el Objeto Tecnológico, en el centro de esta definición.
Las acciones tecnológicas no actúan ni en el vacío ni en el espacio de lo mental; siempre lo hacen sobre un objeto, para usarlo, para modificarlo, aun para destruirlo. El pedagogo, Tornds Buch que observa que el niño, sobre todo el pequeño, ubicación en el mundo actúa sobre los objetos para aprehenderlos y encontrar su propio modo en relación con ellos, deberá estudiar este proceso en mayor de condiciones que acompañan la creación tecnológica.
profundiza mediante el hacer. Por eso, los planes de estudio pre Tecnología mediante la ejerce. que los adolescentes se acerquen a la con proyecto y se ejecutan acciones tecnológicas. Sin embargo, las e o a los fines que persiguen, y no al revés. Por eso, creemos que una especie de álgebra de las técnicas centrada en las acciones, no avanza mucho más allá de esa formalización ni la aplica de modo consecuente. Por lo tanto, en este libro elegiremos centrarnos sobre los Objetos Tecnológicos para analizar luego las acciones que actúan sobre ellos, los crean o los modifican. No daremos ahora una definición formal del concepto “Objeto Tecnológico”, cuyo contenido iremos mostrando a lo largo de este capítulo. Por lo pronto, no queremos enfrentar el concepto denotado por la palabra “objeto” con el de “sujeto” en un sentido positivista. Los objetos artificiales son, evidentemente, de muy variada índole y los más antiguos y obvios que se conocen son “cosas”: las herramientas, los utensilios y la indumentaria con todo lo que históricamente derivó de ella. Pero, como veremos en este capítulo, hay muchos objetos tecnológicos que no son “cosas”; así, llamamos “objetos” también a entes abstractos, como el sistema educativo o la información. Y llegaremos hasta el extremo de llamar “Objeto Tecnológico” a las acciones tecnológicas mismas, negando de este modo uno de los dos ejes que acabamos de definir. Pero esta negación es sólo aparente: lo que llamaremos “Objeto Tecnológico” siempre y en todas las circunstancias deberá entenderse con inclusión del humano, su creador y su destinatario último.
Se redefine así el rol del humano, no sólo en el proceso productivo sino en su vida misma y en su relación con los objetos de su misma creación. Este nuevo mundo puede ser el de la libertad del hombre o el de su marginación.
La humanidad ha comenzado a fabricar instrumentos en la prehistoria más remota, y hay evidencias que demuestran que ya especies de homínidos anteriores a la nuestra supieron manejar el fuego. En efecto, entre los restos pertenecientes a la especie Homo erectus se han encontrado evidencias en tal sentido de un millón de años de antigüedad. Además, el humano es un ser esencialmente social y por lo tanto no puede existir si no es en el seno de comunidades con estructuras y organización propias. La organización social innata era el clan o la horda, pero los esquemas organizativos han adquirido cada vez mayor complejidad y artificialidad hasta llegar a la de un Estado moderno o una gran empresa. Esta transformación implica una creciente toma de conciencia de la existencia y la naturaleza de las estructuras sociales y, por lo tanto, una creciente “tecnologización” de ellas.
Esta posición no nos parece la más adecuada. La cultura abarca el conjunto de todas las relaciones sociales, los fines que la sociedad se fija, los mitos sobre sus orígenes, la estructura de su lenguaje, sus expresiones artísticas, filosóficas, religiosas y políticas. La Tecnología aprovecha la cultura, pero no es idéntica con ella. Se podría decir que la Tecnología es la materialización de la cultura, extendiendo el concepto de “materia” algo más allá de lo habitual, porque es evidente que la Tecnología abarca muchos componentes no materiales, como la información o las organizaciones además de los instrumentos, tal como veremos en este capítulo.
