Las organizaciones
Las organizaciones como sistemas complejos: coordinación lingüística, supervivencia institucional y riesgo de deriva burocrática.
Se denomina organizaciones a las redes de interacciones entre seres humanos. Sin embargo, tal definición es insuficiente. Las organizaciones son, en la actualidad, un objeto preferencial de estudio; no por su carácter de objetos tecnológicos, sino debido al creciente papel económico de su gestión eficiente. En la actualidad se tiende a comprender su estructura compleja, en el sentido moderno del término “complejidad”. En nuestra clasificación inicial de todos los objetos del mundo, las organizaciones tienen una posición algo extraña; si bien muchas de ellas son creaciones humanas, son “hechas”, comparten algunas de sus características con los seres vivos. Muestran, además, cualidades autopoiéticas, es decir, a veces se autogeneran y tienden a autoperpetuarse.
Esta palabra puede interpretarse de varias maneras. Una de ellas es fácil de confundir con algunos usos de la palabra estructura de un sistema complejo. Nosotros, en este contexto, usamos la palabra en su sentido más habitual, como la manera en que se combinan entre sí los seres humanos para ponerse de acuerdo sobre tareas y funciones con el propósito de cumplir un cometido común.
Las organizaciones tienen índoles diversas, y corremos cierto riesgo metodológico al incorporar los objetos de estudio típicos de las ciencias sociales a una teoría de la Tecnología. Estamos aquí donde en plena complejidad actual, la Tecnología comienza a confundirse con los aspectos más elementales de la cultura humana. Pero un club de barrio, un ejército, una gran empresa, un estado moderno son creaciones complejas, deliberadas, fundadas con un objetivo explícito y en las que seres humanos se agrupan con una finalidad común. El estudio de las estructuras y la dinámica de las organizaciones es un campo de estudio específico en el que se aun en conceptos de Psicología, Psicología Social, Lingüística y Sociología.
Como seres humanos dotados de lenguaje tenemos la característica de existir simultáneamente en el dominio físico biológico y en el simbólico, en particular en el dominio lingüístico. Las organizaciones existen porque entre sus miembros hay transacciones que casi en su totalidad son lingüísticas: de modo que es en ese dominio, el lingüístico, que se puede decir que una organización “existe”.
La organización social está en el límite entre lo artificial y lo natural, ya que el ser humano es un ser social y la organización social es inmanente a nuestra estructura como especie. El individuo humano y su sociedad son enantiopoiéticos y coevolutivos: es evidente que la complejidad de las organizaciones actuales es mucho mayor que la de las hordas primitivas. Además, especialmente en las últimas décadas, el avance de las comunicaciones, entre otros factores, ha modificado el tamaño y la complejidad de las agrupaciones humanas: se puede afirmar que, en el proceso de la coevaluación, el desarrollo individual ha quedado retrasado respecto del de las organizaciones. Y tal vez esto sea una suerte, porque la enantiopoiesis en el caso contrario conduciría, probablemente, a un tipo de individuo humano masificado muy alejado de nuestros ideales éticos para la humanidad. Así como no se puede establecer taxativamente cuáles organizaciones deberían considerarse como Objetos Tecnológicos, en muchos casos sí se las puede clasificar en virtud de su origen y sus finalidades explícitas. Entonces una empresa suele ser una herramienta para y de la producción, es decir una organización creada con una finalidad productiva o de lucro. Sin embargo, sería comprenderla de manera demasiado limitada afirmar que, aun una empresa privada con fines de lucro, limita sus objetivos a ese lucro. El principal objetivo de toda organización, más allá de sus fines manifiestos, es su propia supervivencia. Sin ir más lejos, necesita cumplir con ese objetivo para poder cumplir cualquiera de las otras finalidades que pudiera tener: por ejemplo, el lucro y el pago de dividendos a sus propietarios. Sin embargo, cuando en una organización se confunden los objetivos que se desean lograr con los medios a que se recurre para lograrlos; la organización, de ser medio para un fin que la trasciende, se transforma en un fin en sí mismo, se produce una deformación burocrática de la misma.
