El final del principio o hacia la verdadera red de redes
La convergencia deja de ser un fenómeno técnico para convertirse en un nuevo mercado estructurado por la movilidad, la ubicuidad y el control del usuario.
La larga etapa que inauguró la aparición de Internet a principios de la pasada década está llegando a su fin o al menos a su radical transformación, por la disponibilidad universal de nuevas tecnologías inalámbricas y de manera especial el celular. El estadio actual de la Convergencia es tan distinto del inicialmente previsto que desde una perspectiva analítica es quizá más pertinente empezar a definirla, en otros términos.
En efecto, las profundas transformaciones en la forma de elaborar los contenidos, en su distribución y en el modo en que éstos se consumen, o sea en toda la cadena de valor clásica, ha redibujado de tal manera el antiguo escenario de la Comunicación que el término Convergencia hoy por hoy es sinónimo de Nuevo Mercado, con todo lo que ello supone de cambios estructurales.
Y es que la vieja formulación de la Convergencia deseada implicaba que los actores del mercado confluyeron en torno a las mismas plataformas para dirigirse a los mismos usuarios, algo que claramente no se produjo, ya que todos los que intervienen en ese mercado han variado por completo su naturaleza y en consecuencia su modelo de negocio.
Los creadores de contenidos pueden ahora dirigirse directamente a sus consumidores (D2C), marginando a los distribuidores que antaño eran el cuello de botella del mercado, obteniendo mayores ingresos a menor coste.
A su vez, los dueños de las redes no están obligados ahora a especializarse en unos servicios o contenidos concretos, sino que pueden ofrecer cualquier cosa que se pueda digitalizar. Lo que significa que pueden emplear un modelo de negocio diferente en función del tipo de bits que comercialicen, ya sean programas de televisión, música, llamadas de voz, noticias, etc.
Igualmente, los fabricantes de equipos no están ya encadenados a un tipo de red determinada, sino que ahora han entendido que su negocio es vender una plataforma de acceso, dejando en manos de los usuarios elegir cuál es la red que desean en cada momento. Por fin, los usuarios en este nuevo mercado (convergente) han reinventado a su vez nuestro viejo concepto de “Interactividad”, alejándose de lo que inicialmente anhelaba la industria y no pocos gobiernos nacionales.
La “Nueva Interactividad” implica una postal libertad de acción Plegar el soporte de acceso a aquellos. Por ello podemos afirmar que se alcanzó de verdad hasta que no se incorporaron las (redes) inalámbricas o Wireless. Una “red de redes fijas” no sólo limitaba el alcance y difusión de ésta, sino que no reflejaba los hábitos de millones de usuarios que con libertad de movimiento. El acceso a la red universal a través de un puerto fijo no tiene sentido en un mundo en movilidad, porque la condición sine qua non para que una red sea global es que sea ubicua. En consecuencia, uno de los indicadores básicos del grado de desarrollo de un mercado es el número de redes de acceso disponibles en un punto determinado. Las redes que en la pasada década fueron las estrellas del nuevo mercado, pasan ahora a convertirse en invisibles desde el punto de vista del usuario, ya que éste consume contenidos (y servicios), no redes, o sea, algo que a menudo parecen olvidar las operadoras.
Los mercados, o mejor dicho los nuevos nichos de mercado, se generan sobre la demanda de los consumidores, no sobre las tecnologías de acceso. Precisamente el error reiterado de operadoras y fabricantes ha sido el pensar que cada nueva tecnología generaba un nicho de mercado a sumar a los anteriores. Esta visión lo único que ha conseguido es segmentar aún más un mercado, ya de por sí fragmentado por la singularidad de cada mercado local y por las demandas de personalización de los consumidores. La lección más contundente que nos ha enseñado el celular en su proceso de maduración como tecnología de acceso universal ha sido que los usuarios no están dispuestos a pagar más (o mucho más) por el mismo contenido que tienen disponible en otras redes (a menudo gratuitas para el usuario). Si algunos analistas han querido ver en la llegada de la televisión e Internet al celular el final (soñado) del proceso de Convergencia, creo que están lejos de entender la complejidad de un proceso que no ha hecho más que empezar y cuyas consecuencias son por el momento imprevisibles. En otras palabras, la convergencia tecnológica no agota por sí sola el fenómeno de la distribución de todos los contenidos a través de todas las redes y su disponibilidad además en un número creciente de terminales de acceso.
