22 julio, 2026

La Democracia y el Grupo Democrático

El hecho de que todos en una democracia tienen el derecho de expresar sus opiniones lleva aparejado el corolario de que todos tienen una responsabilidad equivalente de hacerlo. A menudo el acto más destructivo es no hacer nada. Nuestra herencia democrática norteamericana solamente puede ser perpetuada por aquellos que ven claramente sus derechos, privilegios y responsabilidades, tal como lo ejemplifica el grupo democrático. Un ermitaño perdería el tiempo leyendo este libro: está escrito para aquellos que creen en la democracia y que están dispuestos a hacer algún esfuerzo para sostener sus creencias. Todo el mundo alaba la democracia. Esta palabra ha logrado una “jerarquía”, y todo lo que se pueda vincular con ella adquiere, en consecuencia, jerarquía. Sin duda, lo que quiere dar a entender el primer ministro ruso cuando alude a una “democracia” está gran distancia de lo que el presidente de los Estados Unidos de América tiene en su mente cuando emplea la misma frase. 

EL TÉRMINO “DEMOCRACIA”

La raíz griega demos, pueblo, se combina con la palabra kratos, autoridad, para significar que toda autoridad emana del pueblo. Según esa definición de democracia, todos los que acatan sus estatutos, reglamentos y regulaciones tienen derecho a opinar en su elaboración. Entonces, democracia es el medio por el cual los individuos pueden determinar qué es lo que pueden esperar en última instancia en cuanto a libertad sin infringir los derechos de los demás. El grado de democracia logrado no se mide por el grado de libertad para actuar, sino por el alcance en que aquellos cuyos actos son así delimitados poseen la autoridad para efectuar la delimitación. Nuestro concepto presente de democracia es producto de muchos años de crecimiento evolutivo. En realidad, horrorizaría probablemente a la mayoría de los creadores del país.

Muchos de ellos eran monárquicos, o al menos oligárquicos, y nuestra nación se desarrolló siguiendo ese curso hasta que la dirección fue cambiada por el hombre que tenía una perdurable fe en la democracia, Tomás Jefferson. Jefferson reconoció la naturaleza evolutiva de la democracia, la necesidad de una base que cada vez se ampliara más, y la necesidad de la educación universal. Creía en la perfectibilidad del hombre, pocas veces recordamos que estos grupos estaban formados por “el pueblo”, integrado tan sólo por hombres libres, en oposición a los esclavos, y solamente si no estaban obligados por contrato o si no eran aprendices, si podían leer y escribir, y si poseían propiedades raíces. Y, por sobre todo, a las mujeres no se les reconocía ciudadanía.

Aun Jefferson, con todo su discernimiento, su idealismo y su fe en el futuro, no pudo proyectar sus ideas ni aproximadamente hasta lo que hemos logrado. No creía que el hombre llegaría a ser verdaderamente responsable en su comportamiento, salvo que fuera propietario de bienes raíces. Cuando realizó la “compra de Luisiana”, ésta era la idea predominante en su mente, porque previó una vasta nación de pequeños terratenientes. Aun su pensamiento avanzado no pudo representarse el día en que la propiedad de un automóvil o de acciones serviría el mismo propósito. Con toda seguridad no pudo imaginar que los derechos establecidos por ley, tales como las jubilaciones o las negociaciones colectivas, servirían el mismo fin.

Hemos tratado, principalmente, los aspectos políticos de la democracia, dado que los orígenes del término se encuentran en nuestro pasado político. A medida que la democracia creció y se ensanchó se tornó más y más evidente que este concepto invade todos los aspectos de nuestra vida, no sólo en nuestro pensamiento político, por este motivo se sostiene que también en la manera en que llevamos adelante todas y cada una de nuestras empresas en conjunto. Los hombres libres trabajan arduamente en todas partes para mantener sus instituciones comunes: sus iglesias, sus escuelas, sus negocios y sus gobiernos. Muchas de las actividades más importantes pertinentes a la solución de los problemas comunes tienen lugar en el nivel de la comunidad, a menudo por medio de esa estructura social que denominamos grupo democrático. Formal. La esencia de la democracia puede observarse en estos grupos pequeñas entidades integradas por personas que obran recíprocamente en una atmósfera de tolerancia y respeto. Es parte del sueño norteamericano la idea de que, mediante dedicación de tiempo y energía, el grupo puede resolver problemas y satisfacer necesidades que el individuo solitario no tendría ninguna esperanza de afrontar.  Tal definición, por su naturaleza muy amplia, sólo comienza a describir el grupo democrático formal. Por lo general tal organización tiene un nombre; frecuentemente tiene su estatuto y sus reglamentos.