7 octubre, 2026
Evaluación del Grupo 

Aun una consideración superficial de la enorme cantidad de horas hombre empleadas en el esfuerzo del grupo suscita inevitablemente la pregunta: “¿Vale la pena todo esto?” En un grupo específico, esto a menudo asume la forma de frustración, desinterés o apatía, tal vez expresado como: “No llegamos a ninguna parte”. Los integrantes con frecuencia no pueden identificar las fuentes de estos sentimientos y carecen de las aptitudes necesarias para diagnosticar y corregir las causas básicas. La incapacidad para lograr las metas del grupo o para realizar un avance satisfactorio hacia ellas constituye por lo general el fondo de tales descontentos. Se ha sugerido que la evaluación casual siempre está presente en cualquier situación de grupo; su utilidad, sin embargo, es estrictamente limitada. Puede tener un efecto, pero debido a menudo a la eficacia con que se expresa o al status del crítico más bien que a sus cualidades constructivas pertinentes.

No toda la evaluación casual proviene del interior del grupo. La comunidad en la que funciona un grupo también considera como prerrogativa suya el comentar las acciones del grupo. La verdad o la falsedad de tales observaciones por lo general no pueden ser establecidas pero tomadas en conjunto ayudan a crear la imagen pública del grupo y contribuyen a su dinámica.

¿Quién debe evaluar a un grupo? De acuerdo con el concepto democrático los integrantes mismos intervienen principalmente en el establecimiento de las metas y sólo ellos pueden percibir todas sus ramificaciones, aun cuando estén bien expresadas. Sólo los miembros pueden estimar las satisfacciones que les produce su participación. Por consiguiente, en el contexto de este estudio del grupo en acción, los miembros mismos son los evaluadores mejor calificados. Hay que destacar una importante excepción. Ciertos subgrupos están subordinados a una organización mayor. En muchos casos, el grupo principal mantiene el privilegio, en grado variable, de evaluar periódicamente el proceso de la unidad local. La evaluación organizada de las organizaciones filiales por personas externas que representan una jerarquía o burocracia puede tener una justificación excelente. Sin embargo, permanece en la periferia del enfoque fundamental de este libro.

La evaluación es un proceso difícil. Los grupos, como los individuos, tienen dificultad en contemplarse a sí mismos imparcialmente, y cualquier intento de examen o crítica puede provocar resentimiento. Algunos han tenido experiencias desagradables con evaluaciones pobremente concebidas y han desarrollado una actitud defensiva. Una de las tareas importantes dcl líder capaz es la de enseñar a los miembros la necesidad de la evaluación. El enfoque racional del problema puede hacer mucho por quebrar la resistencia emotiva. Los males manimos perfección, lo “bueno” y lo “malo” deben necesariamente ser puntos arbitrarios elegidos por el mismo grupo. Juicios tales como los relativos a lo que el grupo espera de sí mismo deben ser exigentes, pero realistas si han de poseer un valor máximo. Se han construido y empleado muchos dispositivos; algunos han sido defectuosos, y casi todos han estado sujetos a interpretaciones erróneas y a un empleo equivocado. Sin embargo, se percibe un progreso en este aspecto, y el esquema de este progreso se expondrá más adelante. Si, como se ha señalado, la evaluación fiestas que de ella resultan pueden ser evitados en gran parte en una buena evaluación: 1) cerciorándose de que ésta sea de carácter objetivo, y 2) asegurándose de que esté estructurada de manera significativa en vez de carecer de estructura.

Su propósito principal es el de indicar para el futuro cambios que aumenten la productividad, la madurez y el valor del grupo. También puede describirse como una comparación de lo real con lo ideal, con el fin de que se puedan hacer juicios sobre el progreso. Es esencial un conocimiento de las diversas fuerzas que constituyen la dinámica de la acción de grupo para seleccionar las técnicas apropiadas. En el intento de aportar una estructura significativa al problema de la evaluación, la primera pregunta que se debe contestar es: ¿Qué estamos evaluando? Evidentemente, no sería realista intentar hacer juicios sobre una extensión tan amplia y difusa en un momento dado. Es necesario elegir alguna faceta del proceso grupal sobre la cual se pueda centrar el interés del grupo, y cuya necesidad pueda demostrarse. Debe haber una definición clara del propósito de cualquier evaluación antes que se pueda elegir una técnica, o concebir una nueva. Cuando esto se haya realizado, entonces es factible hablar acerca de los medios.

El siguiente esbozo debería facilitar la referencia a algunos de los elementos del funcionamiento grupal que pueden ser evaluados.

A. El grupo y su dinámica.

1. La atmósfera o el clima del grupo.

2. El esquema de comunicación del grupo.

3. El nivel de realización en comparación con las normas.

4. El grado de identificación de los integrantes.

5. La definición del papel general de los integrantes y de los subgrupos.

6. Las aptitudes individuales para las relaciones humanas.10. La calidad de la resolución de las diferencias individuales.

7. La adaptación al tamaño del grupo.

8. El empleo que se hace de la evaluación.

9. La conformidad con los valores y las metas de la comunidad.

10. El status del grupo en relación con el de otros.

11. Las expectativas de la comunidad y las metas del grupo.

12. La identidad con los valores institucionales.

13. La manera en que afectan al grupo los controles exteriores a la comunidad.

B. Las metas y los objetivos.

1. La eficacia de la consideración de las metas.

2. El grado del consenso en la formulación objetiva.

3. La comprensión y la aceptación de las metas.

4. La claridad de la declaración de los objetivos.

5. Las cualidades dinámicas de las metas del grupo.

6. La compatibilidad de las metas con los valores de la comunidad.

7. Los aspectos de desarrollo de las metas.

8. La determinación cooperativa de las metas.

9. La evaluación potencial de las metas.