9 julio, 2026

Más allá de toda percepción subjetiva, la sociedad en general, especialmente en sus estratos jóvenes, reclama valores. No necesariamente valor significa lo mismo para todos. Pero más allá de la amplia gama de valores reclamados, hay un punto común y es la búsqueda que el hombre moderno realiza por una respuesta a su propia verdad. Nunca como hoy el hombre han tomado y está tomando conciencia colectiva de sí mismo y de sus valores. Nunca como hoy personas y comunidades tienen profundas necesidades de una vida digna de hombre en cuanto persona humana, es decir sujeto racional consciente; persona dotada de inteligencia racional y voluntad libre; sujeto de deberes y derechos inalienables o inviolables qua se considera a sí mismo superior a todas las cosas materiales, y no acepta6T sólo una partícula del universo, o un elemento anónimo de la sociedad humana. Ese hombre está hoy como nunca en busca de la expresión do su personalidad, la cual significa unicidad, independencia, libertad, responsabilidad y conciencia moral. Y en la búsqueda de ese encuentro consigo mismo, también hoy como nunca se plantea los grandes interrogantes do la vida, y busca la causa de las grandes tensiones y contradicciones internas a que se permanentemente sometido”.

El capacitador no puede ofrecer un servicio calificado a su organización si no tiene en cuenta el proyecto humano que esta tiene, si no logra enriquecerlo y desarrollarlo. Si concebimos al desarrollo como la acción por la cual la persona despliega sus posibilidades, nos encontraremos con un campo en el que podremos percibir una vez más esa contradictoria situación en la que conviven elementos favorecedores e inhibidores del comportamiento humano. Cuando los capacitadores decimos que trabajamos con conocimientos, habilidades y actitudes, sabemos que estos tres elementos se encuentran fuertemente relacionados, tanto que será imposible estimular una actitud sin que esto signifique alguna manera de reposicionarse frente a los conocimientos y habilidades con que se efectuará: también será imposible adquirir algún conocimiento sin que este afecte a las actitudes relacionadas y sin que se inicie alguna forma de cambio en el campo de las habilidades; finalmente, sabemos que cada vez que se desarrolla una habilidad, estamos basando este ejercicio en el uso de conocimientos y será imposible encarar esta forma de crecimiento si no se parte de un campo actitudinal propicio. También es fácilmente perceptible en las demandas de capacitación que recibimos en el contexto de las organizaciones, la presencia más o menos manifiesta de estos tres elementos. En términos generales la solicitud hacia el servicio de capacitación se expresará en forma de una habilidad, pues normalmente la organización requiere que se haga algo que no se está haciendo. Sin embargo, en un elevado número de oportunidades lo que se está pidiendo, y esto raramente está claro, es que se produzca un cambio de actitud, y se visualiza al fenómeno educativo como un recurso para producirla.

En muchos casos esta solicitud no está basada en una carencia de capacidades sino en otros fenómenos organizacionales en el campo del comportamiento y ya hemos visto, cuando desarrollamos el problema de la detección de necesidades, la importancia de distinguir cuándo estamos frente a una necesidad de capacitación y cuándo no.

Pero también en otro importante número de casos, la demanda de un cambio de actitud pasa por el campo del aprendizaje, y los capacitadores tendremos que afrontar esta solicitud legitima. Parecería que hoy los capacitadores “tenemos dominados” los problemas de aprendizaje en el campo de los conocimientos y las habilidades; sin embargo, somos conscientes de que nuestra efectividad en el plano de las actitudes es significativamente menor; asimismo, nuestros instrumentos y recursos no parecen tan probados, son escasos y de muchos de ellos dudamos.

Podemos por lo tanto formularnos unas preguntas:

¿Son acaso las actitudes “enseñables” en una forma comparable a los conocimientos y las habilidades? podemos asegurar alguna forma de resultado cuando se nos pide modificación de actitudes? ¿Podemos considerar a las actitudes en un pie de igualdad a los conocimientos y las habilidades cuando las tratamos metodológicamente? ¿De qué recursos disponemos para trabajar con ellas? El dato principal que se nos ofrece cuando queremos reflexionar sobre la actitud es el de que ésta señala ante todo la forma de intervención de la persona. Una reacción que consideramos determinada por una actitud tiene por característica esencial la de escapar al apremio de la situación. Esto es lo que expresan las nociones de elección o de punto de vista, que no tienen sentido fuera de la intervención de una persona. Pero lo interesante es investigar cómo se produce dicha intervención. Resolver un problema es, por ejemplo, tornarse capaz de una acción que el problema como tal impedía. De esta manera, adoptar una actitud particular en una tarea intelectual es, en esencia, actuar de cierta manera. Mejor dicho, es adoptar cierto método.