De Bacon a Marx y de Marx al pragmatismo
De la ciencia como dominio de la naturaleza al análisis crítico de la tecnología como fuerza estructurante de la economía y la sociedad.
El Renacimiento fue la época en la que nació la Modernidad. La racionalidad y el racionalismo comenzaron a imponerse en las explicaciones de los fenómenos, en estrecha relación con los requerimientos de la expansión de la potencia occidental en el mundo, las necesidades de los navegantes y conquistadores y las demandas de la burguesía en ascenso. Nació así la ciencia, en la acepción moderna del término, y la reflexión sobre la naturaleza del conocimiento adquirido por medio de la experimentación que se diferenciaba muy claramente de lo que la escolástica consideraba la única fuente del saber: la revelación y la tradición.
Galileo se centró en las explicaciones causales de los fenómenos y descubrió el “método experimental”, limitando el concepto de causalidad a las causas eficientes y centrando el valor del conocimiento de dichas causas, desde el punto de vista práctico, en la predicción que la explicación causal hacía posible. Y, más allá del mero conocimiento, en el dominio y control que tal previsión permitía, según el programa terció bajo estas premisas, explorando la naturaleza del conocimiento científico; en particular, de la relación entre causas y efectos y la naturaleza de las explicaciones causales.
Desde sus comienzos en el Renacimiento, la ciencia, como la conocemos hoy, se presentó como una nueva manera de conocer el mundo. Y el conocimiento del mundo, la relación entre nuestras percepciones y lo que ocurre “realmente” “allá afuera”, fue desde siempre una de las preocupaciones de la Filosofía y una de sus ramas principales: la teoría del conocimiento.
Francis Bacon (1561-1626) fue uno de los primeros que propusieron con gran entusiasmo la doctrina de que el imperio sobre la naturaleza era un don divino. Bacon fue uno de los más decididos defensores de la ciencia, pero su filosofía del dominio corresponde más a una glorificación de la tecnología que de la ciencia, a las que vincula fuertemente. Es el iniciador de la corriente que subsiste actualmente, de que la Tecnología es, ante todo, ciencia aplicada. Lleno de optimismo y voluntarismo, refuta a los que, ya en su época, opinaban que las ciencias y las artes podían ser usadas incorrectamente: “La recta razón y una sana religión sabrán regular su uso”, dice.
Bacon fue el más explícito de los defensores de la nueva manera de ver la ciencia y la Tecnología como contrapartes del oscurantismo medieval, y fue reconocido como precursor por los filósofos del iluminismo y los autores de la Enciclopedia, entre ellos el ya citado D’Alembert. Pero, si bien todos ellos saludaron el amanecer de la nueva época y la Modernidad con sus banderas de progreso, libertad y razón, no todos ellos vieron el progreso tecnológico con el mismo optimismo que aquél. En efecto, en Rousseau ya se perfila una crítica “romántica “a esa modernidad. Según él, la expansión de la ciencia y de lo que en su tiempo aún se llamaba “artes prácticas” traería el bienestar a los pueblos, pero a la vez produciría un ablandamiento que podría ser nefasto para las virtudes más nobles de los hombres.
Si Bacon relaciona la Tecnología con la ciencia y con la conquista de la naturaleza, otros filósofos resaltaron su relación con las condiciones sociales y económicas. Uno de los filósofos más importantes de la Modernidad, Hegel, encuadrar algunas reflexiones acerca de la Tecnología en la problemática del dominio social en uno de los ejemplos más importantes de las contraposiciones dialécticas que menciona en sus escritos: la del amo y el esclavo. Para el amo, que ejerce su poder y es el portador del espíritu superior, resulta importante reafirmar su dignidad espiritual, parte y símbolo de su superioridad, relegando en el esclavo la ejecución del trabajo-de todo trabajo (tesis).Con esto, sin embargo, en una reversión dialéctica de la situación (antítesis), el esclavo recibe una dignidad propia, la del ejecutor del trabajo, y, por ende, la de ser portador del progreso tecnológico que, con el tiempo, le permitirá alcanzar su liberación a través de la conciencia de su dignidad humana (síntesis). Hegel, por lo tanto, aunque implícitamente, participa del optimismo tecnológico de Bacon: la tecnología nos hará libres.
El kantiano Friedrich Dessauer quiso completar el pensamiento de su maestro y propuso que, además de las tres tradicionales críticas kantianas de la metafísica, la ética y la estética, habría que agregar una cuarta: una “crítica de la razón tecnológica”. A pesar de su proveniencia de la ingeniería y no de la filosofía profesional, la posición de Dessauer es casi mística: opina que a través de la Tecnología es posible establecer contacto con la “cosa en sí”, inaccesible según la filosofía analítica clásica. Esto se relaciona con el criterio pragmático de verificación del conocimiento científico basado en su eficacia: uno construye un artefacto según los principios encontrados a través de la investigación científica y el hecho de que funcione del modo previsto es una prueba de que las leyes en que se basa son “verdaderas “o, por lo menos, eficaces, que no necesariamente es lo mismo. Ésta es una de las definiciones de “verdad” que suelen aplicar los pragmatistas. Los epistemólogos suelen rechazar este tipo de argumentos.
Un investigador que, en pleno auge de la revolución industrial, se ocupó de la Tecnología mucho antes que otros, y con mayor detenimiento, fue el discípulo heterodoxo de Hegel, Carlos Marx. Éste, al margen de su proyección política, fue un pensador importante, que ingresó en la historia del pensamiento como teórico de la economía política. En particular, estableció una teoría sobre el funcionamiento del sistema capitalista, sobre cuyo dinamismo se expresó con gran admiración en el documento preliminar del movimiento comunista que ayudó a formar Marx destacó la fundamental importancia de la evolución de los medios de producción, es decir, de la Tecnología, en la estructura de las sociedades.” Y en esto estaba más cerca de un determinamos pues hablando con entusiasmo de las posibilidades de varios de los fenómenos más característicos del capitalismo; entre ellos. la necesidad de una innovación constante de las tecnologías y el singular papel del dinero en la sociedad capitalista. Despejada ahora la polvareda del movimiento político que generaron sus ideas, seguramente se analizará con mayor objetividad el pensamiento de uno de los primeros autores que desmenuzan analíticamente el modo de funcionar del sistema económico capitalista en el que vivimos, el cual tal vez recién ahora esté alcanzando su madurez.
