Ética de la Tecnología y de la ciencia
La tecnología no se define por el conocimiento que aplica, sino por los fines que persigue y las consecuencias que produce.
En lo que antecede puede llamarnos la atención que la filosofía de la Tecnología opine sobre el objeto de sus desvelos, en vez de sólo mostrarlo y mostrar las relaciones entre ella y otros aspectos de la naturaleza o de la estructura ontológica del humano. Pero ello no debe sorprendernos. La filosofía de la tecnología no puede ser, como sí lo es la filosofía de la ciencia, una rama más o menos autónoma de la Filosofía. Su objetivo es comprender el mundo, conocerlo y describirlo en términos racionales (dejando de lado por el momento el significado un tanto cuestionado de esta palabra). En cambio, la Tecnología se vincula mucho más con el hacer que con el saber y, por lo tanto, la reflexión filosófica sobre ella está más relacionada con la ética que con la epistemología.
En cuanto a los métodos de análisis empleados, el de la ciencia es, ante todo, causal: le interesan las causas eficientes, en el sentido aristotélico del término. En cambio, lo más decisivo de un Objeto Tecnológico es su finalidad, de modo que el interés básico del análisis tecnológico es teleológico; y su enfoque, que será el principal objeto de estudio de este libro, sistémico. Pero hay otros argumentos en contra de la tesis de que la Tecnología es ciencia aplicada. Los chinos fueron los originadores de una gran cantidad de grandes inventos y de muchas innovaciones tecnológicas de primer orden, hecho que es repetidamente reconocido. Sin embargo, en la China tradicional no existió nada comparable a nuestra ciencia; y tal vez en esa ausencia pueda verse la causa del estancamiento de la tecnología china. Mientras que en Occidente la autopoiesis entre ciencia y tecnología que se produjo es uno de los secretos de su fabuloso éxito.
Este argumento, sin embargo, tiene una trampa cultural etnocéntrica que es necesario poner en evidencia. En el párrafo anterior hemos usado el término “estancamiento”, en el que hay un implícito juicio de valor: en nuestro esquema “moderno”, el progreso es un valor y la palabra “estancamiento” se acompaña de una connotación negativa (podríamos hablar de “estabilidad” al referirnos a la sociedad china, usando un término con connotaciones positivas, o, mejor aún, elegir la palabra neutra “permanencia”). Por otra parte, la afirmación también contiene una interpretación mono causal de esta permanencia. De hecho, en Occidente, a partir del siglo XV, hubo una coincidencia temporal de por lo menos tres y no dos elementos culturales distintos que interactuaron en autopoieticamente: la ciencia, la tecnología y el capitalismo. Un poco más abajo explicaremos brevemente la relación entre el desarrollo tecnológico moderno y la estructura económica del mundo en que nació y se sigue desarrollando: la revolución industrial primero y la tecnológica en la actualidad.
Al poner énfasis en las diferencias entre los propósitos y los métodos de la ciencia y la tecnología queremos contrarrestar la fuerte tendencia social a confundirlas. Esto no nos debe llevar, sin embargo, a subvalorar la fuerte simbiosis que existe entre ambas, sobre todo en las áreas más avanzadas y complejas de la Tecnología.
Las relaciones entre la tecnología y la ciencia son múltiples. Es evidente que la Tecnología no avanza como aplicación de los conocimientos científicos previamente obtenidos. La ciencia está mucho más cerca de crear una especie de “matriz cultural” en la que se desarrolla la tecnología contemporánea, usando a cada paso lo que le conviene, sea un descubrimiento científico reciente o un conocimiento técnico ancestral. La ciencia tampoco es comprensible tan sólo como formalización de un conocimiento tecnológico o pragmático, al margen de la búsqueda del conocimiento como fin en sí mismo. Hay una Tecnología al margen de la ciencia y anterior a la misma, aunque en la actualidad la relación es más estrecha que en otras épocas. El desarrollo de tecnologías y nuevos objetos tecnológicos emplea los resultados de la investigación científica reciente con demoras cada vez menores. También la investigación científica se estancaría prontamente si no contase con herramientas cada vez más poderosas puestas a su alcance por el desarrollo de tecnologías nuevas.
La exploración del espacio muestra la estrecha interacción entre ciencia y tecnología, tanto en su desarrollo como en sus resultados. Se la suele presentar como una gran empresa científica, sobre todo porque no tiene objetivos tecnológicos inmediatamente visibles. En principio, la construcción y el lanzamiento de una sonda espacial es un gran logro tecnológico y no científico. En cambio, los resultados de una misión, como por ejemplo el conocimiento detallado de los planetas, las investigaciones acerca de la existencia de vida en Marte o el estudio de la radiación solar, son, por ahora, fundamentalmente científicos, aunque muchos especulan con su explotación futura.
La exploración espacial tiene, para la sociedad que la emprende, beneficios secundarios en el mediano plazo, por lo que tiene las características de una inversión con un retorno diferido. Son innumerables los beneficios obtenidos por la sociedad en general que se revelan como subproductos de los grandes proyectos espaciales. El caso más conocido es el de los circuitos integrados, desarrollados gracias al programa Apolo, que puso al primer hombre sobre la Luna en 1969. Posteriormente fueron llevados a un formato que fuese aprovechable por la industria ordinaria.
