6 marzo, 2026

Andrés Hatum sobre el liderazgo argentino

“Una cultura del bienestar requiere líderes vulnerables que se pongan en el medio, no mirando por arriba de la gente.”  La frase de Andrés Hatum, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y doctor en Management por la Warwick Business School, condensa una idea que viene repitiendo hace años: los buenos líderes son los que escuchan, no los que miran desde arriba.

Hatum no habla desde el eslogan. En su último libro, Desactivar la bomba: Una historia de líderes peligrosos, se mete de lleno en lo que él llama “el lado oscuro del liderazgo”: jefes narcisistas, psicopáticos o abrasivos que, según advierte, “se llevan todo por delante y terminan arruinando el clima laboral”.

“Me refiero a los que tienen mucha psicopatía, narcisismo y ser abrasivos. El psicópata te sonríe por delante y es otro cuando te das vuelta; el narcisista quiere que todos sus colaboradores sean enanitos de jardín porque nadie puede ser superior a él. Y los abrasivos son los que no escuchan a nadie, los que pasan por encima del otro para cumplir objetivos”, resume con tono directo.

El bienestar no se compra, se construye

“El bienestar es cuidar a la gente, no invadir su vida personal después del trabajo, evitar reuniones sin sentido y entender con empatía qué le está pasando al otro si está mal. No es un cartel pegado en la oficina ni un after con pizza”, agregó al medio de comunicación Clarín.

Por otro lado, lanzó una advertencia: “Las empresas muchas veces se cuelgan de las modas. Antes era la responsabilidad social, después la sustentabilidad, y ahora es el bienestar. Pero si no hay líderes humanos, todo eso queda vacío.”

¿Por qué es importante vulnerarse?

Al profesional le cuesta usar la palabra “vulnerable” en el mundo corporativo, pero insiste en que es el punto de inflexión. 

“A los líderes les da vergüenza sentirse vulnerables. Pero cuando los empleados los ven así, bajan las defensas porque lo hicieron ellos primero. Son más respetados. Cuando el líder aprende a ser vulnerable, es un mejor líder.”

Hatum dice haber visto esa transformación muchas veces: “Conozco líderes que cambiaron mucho, incluso como personas. La vulnerabilidad nos humaniza. Los empleados valoran cuando alguien les dice ‘no sé’, o cuando un jefe admite que se equivocó. Eso crea confianza, no distancia.”

¿Por qué el trabajo y los jóvenes cambiaron?

Los nuevos tiempos trajeron otra lógica. “La generación que empezó a trabajar con la pandemia y desde su casa no le encuentra el sentido a ir todos los días a la oficina”, observa.

“El 80 % quiere trabajo híbrido. Apenas pueden, se van del trabajo. El foco está en ellos: se comprometen si les apasiona. Los jóvenes que ingresan al mercado laboral lo hacen con otro sentido de pertenencia; la camiseta no es de por vida.”

Hatum no lo dice como una queja, sino como un dato que las empresas deben entender. “Durante mucho tiempo las grandes compañías actuaron como si todo el mundo quisiera trabajar con ellas, pero hoy ya no es así. Hubo un cambio mental. Y muchos todavía no se dieron cuenta.”

“La inteligencia emocional no va a ser reemplazada”

“La visión no es muy positiva. Muchos dicen que es una revolución diferente a las otras, porque ahora lo que se reemplaza es inteligencia humana. Hay mucha probabilidad de que muchos trabajadores queden obsoletos”, sostuvo sobre la IA.

Sin embargo, agrega algo que denota esperanza: “La inteligencia emocional no va a ser reemplazada, y eso es una buena noticia. Todos vamos a ser afectados por la IA, pero tenemos que amigarnos con ella y entender qué competencias necesitamos. Lo que no se puede automatizar es la empatía.”

“Los líderes de esta época tuvieron que pasar de controlar en la oficina a confiar a la distancia. Deben ser facilitadores, escuchar más de lo que hablan. No se trata de tener poder, sino de tener influencia. De estar en el medio, con la gente. Una empresa que promueve bienestar sin líderes humanos está condenada al fracaso. Porque los discursos no motivan, las personas sí”, concluyó con el medio Clarín.