¿Cómo imaginamos el mundo?
Las redes de comunicación y las computadoras transformaron la forma en que las personas intercambian información, convirtiendo al planeta en un sistema global interconectado.
La cuestión nos enfrenta a la imagen que tenemos de nuestra realidad material terrestre. Esta imagen es el resumen de muchas ideas. Lo fundamental del ser humano es su cultura. Con el cambio de ésta cambian las formas de creer y ver. Creían que ésta era plana, como un tablero de ajedrez sobre el que se disponían pueblos, continentes, islas y mares. Una bóveda celeste cubría el tablero. Esta visión del mundo es la que conocemos y perduró más allá de su desestimación científica por Galileo, ya en el Renacimiento. La redondez de la Tierra, el proporcionado dibujo de los continentes en la esfera que la representa y el gran juego de los planetas en torno al Sol constituyen un saber ya asentado.
No obstante, esta imagen ya no corresponde a nuestra época. Ha quedado desfasada. Es real que la Tierra no ha dejado de ser aproximadamente redonda, ni los continentes han cambiado de sitio, ni tampoco en su mayor parte deja de ofrecer el color azul de sus océanos. Pero no es ya una esfera que gira silenciosa. La tercera y última imagen de la Tierra tiene muchísimo que ver con lo que aportan la computación y la telemática.
La Tierra es ahora un planeta recorrido, atravesado por una infinidad de trazos comunicativos. Millones de personas hablan con otras personas a muchos kilómetros de distancia. Una multitud de redes de comunicación, ya sean dedicadas al transporte de personas y mercancías (rutas marítimas, rutas aéreas, caminos, carreteras y autopistas) o destinadas al «transporte de información» (telégrafo, correo, teléfono y autopistas de la información), relacionan entre sí todas las partes del planeta.
Por supuesto, esos hechos comunicativos no se ven, pero son completamente reales. El nuestro es un mundo interconectado. Líneas telefónicas, ondas de radio de todo tipo y alcance, y un sinfín de medios transmiten palabras y datos… Todos estos elementos convierten al nuestro en un planeta de personas que están en contacto instantáneo, a pesar de las distancias que les separan.
¿Qué sensación tendrían unos seres de otra galaxia si se acercaran a nuestro planeta?
Seguramente recibirían electrónicamente un intenso zumbido comunicativo, un continuo y eficaz flujo de informaciones. El mundo actual no puede definirse mejor que como un amplísimo y muy complejo campo de intercambio de todo tipo de comunicaciones. Y, si nos situamos en una calle cualquiera, se puede constatar mediante «ojos electrónicos» el cruce de estos canales comunicativos, con flujos de ida y vuelta de ondas, líneas, papeles o palabras.
El progreso técnico ha llevado al ser humano a sofisticar sus formas de producción, de consumo y de ocio. A partir del siglo XVIII los desarrollos técnicos han comenzado a plantear dificultades de control efectivo. Asimismo, la cantidad de información, datos técnicos, estadísticas y documentación ha ido creciendo considerablemente. Ha de tenerse en cuenta que la masa de información no aumenta aritméticamente, sino en progresión geométrica, que es mucho más rápida.
Tanto el control de las máquinas como la ordenación y el acceso directo a toda esta información han requerido la invención de un aparato que sea capaz de reproducir algunos aspectos característicos de la capacidad mental humana y que, gracias a ello, pueda actuar como auxiliar del hombre. Este aparato es lo que hoy conocemos con el nombre de computadora.
Para qué sirve una computadora
Lo verdaderamente importante es para qué sirve una computadora y a qué tareas de nuestra vida cotidiana se aplica. Introduce un cambio cualitativo, tanto en la organización como en el desarrollo del trabajo y el ocio. La computadora puede hacer muchas cosas. Puede controlar el riego y las condiciones ambientales de una plantación, realizar una exploración delicadísima del cerebro humano, asistir una operación quirúrgica, prevenir riesgos atmosféricos, probar recetas de cocina, enviar cartas a la velocidad de la luz, regular todos los elementos mecánicos y electrónicos de un edificio, realizar el censo de población de un país, etc.
Y así sucesivamente. La respuesta correcta a la pregunta de qué puede hacer una computadora es muy larga o muy corta. Si enumeramos todo aquello que realiza en la actualidad, la respuesta ha de ser muy larga. Si expresamos todo aquello que se realizará en el futuro, la respuesta puede ser muy breve: todo o casi todo.
Esta totalidad no es absoluta. Significa que las aplicaciones informáticas no están necesariamente limitadas por la esencia material de la computadora, sino por el propio hombre. La única limitación conocida de la computadora es la que le imponen los límites de la imaginación del ser humano. Nuestra imaginación determina el ámbito de aplicación tanto de las computadoras como de la informática.
La configuración de la computadora conduce a esa versatilidad tan amplia como insospechada. Las primeras máquinas de cálculo, como las de Pascal o Leibniz, simplifican ciertas operaciones aritméticas, pero se atenían a una estructura rígida, sin posibilidad de alterar su forma de operar.
La computadora nace bajo los auspicios de la idea revolucionaria de Charles Babbage, en la primera mitad del siglo XIX, de construir una máquina que posea una estructura abierta a cualquier forma de operar. Tal es la grandeza de su concepción.
Existían antes instrumentos para ciertos trabajos, pero el instrumento que debía ser una ayuda mental para el ser humano debía funcionar como el cerebro. Este órgano vital no sufre ninguna limitación en su actividad y se aplica a la resolución de todo tipo de problemas (a veces con éxito).
De forma paralela, y salvando la enorme distancia, la computadora es una máquina de propósito o uso general. Los conceptos físicos y de programación constituyen el soporte material y lógico de esa realidad. Es una dualidad solidaria que también recibe los nombres de hardware o soporte físico y software o soporte lógico.
Más adelante se hablará de formas cualificadas de aplicación informática. Pero lo que conviene retener es que la computadora sólo está limitada por nuestra propia capacidad imaginativa, si bien los desarrollos en microcomputación y nuevos lenguajes han de proveer a este instrumento de un «motor» social mucho más poderoso.
Hardware y software
La computadora es una realidad completamente unitaria que presenta dos partes íntimamente relacionadas: el hardware y el software. La palabra inglesa hardware se refiere a aquella parte «dura» o material. Así pues, etimológicamente, la computadora se compone de una parte dura y de una parte blanda. Estas expresiones han de entenderse metafóricamente. Significan que existen unos elementos materiales o tangibles, los que forman el llamado soporte físico.
Unidad de control
La unidad de control realiza la función de dirección central.
Unidad aritmético-lógica
El hardware es el conjunto de elementos físicos (máquinas, circuitos) y puede ser comparado con la fuerza, mientras que el software, o conjunto de programas, datos, diseño e instrucciones, representa la inteligencia. El hardware difícilmente puede ser modificado, mientras que el software o soporte lógico puede ser alterado para la realización de cada tarea.
Memoria
El hardware de una computadora se compone de diversos elementos. Los más importantes se analizan a continuación.
Es la parte donde se realizan todos los procesos, a través de las indicaciones de la unidad de control.
