El móvil es un claro precedente de la tecnología
El móvil se consolida como plataforma universal: la demanda moldea el hardware, y la convergencia empuja hacia aplicaciones creadas por usuarios y libre elección de redes.
La socialización de la red que recorre Internet actualmente, en el sentido de la configuración/participación efectiva de los usuarios en lo que la propia red ofrece. Si bien en los celulares esta analogía se ha dado, hasta ahora, más a nivel hard que soft, al contrario que en Internet; es decir, que la demanda de los usuarios ha ido obligando a transformar en mayor medida elementos como el diámetro de las pantallas, disposición de los botones, duración y peso de las baterías, capacidad de las memorias y conectividad de los aparatos, que los programas y, en general, las aplicaciones.
La Convergencia de los móviles con la nueva Internet incluirá, por tanto, un doble movimiento: por una parte, los usuarios activos del móvil participarán cada vez más en el desarrollo y creación de aplicaciones específicas para celulares (incluido el acceso a Internet), y por otra, los internautas llevarán la actual ola Web 2.0 o participativa a la propia configuración física de las computadoras, lo que sin duda obligará a los fabricantes a estar más atentos que nunca a los (rápidos) cambios en la demanda y si no a perecer, ya que las fidelidades del nuevo consumidor son tan efímeras como la oferta de la propia industria. La idea del celular como plataforma universal de servicios o, como afirma Rheingold, “el mando a distancia de nuestras vidas”, subyace en este nuevo proceso de Convergencia, ya que son las personas las que libremente han decidido poner en sus manos este dispositivo hasta convertirlo en universal, y una vez que esto ha sucedido carece de sentido seguir tratando de converger a partir de otras tecnologías por mucho que se empeñen gobiernos y sectores de la industria.
A partir de aquí, una vez cerciorados de que el proceso de Convergencia o es móvil o no será, el único dilema realmente pertinente viene del lado de la oferta de servicios. Con los datos de los que disponemos actualmente, la demanda de los usuarios del móvil se centra en contenidos de entretenimiento, fundamentalmente música y videojuegos, si bien es cierto que las nuevas redes de tercera generación están en plena expansión en la mayoría de los mercados mundiales (incluida Latinoamérica) y su implementación conlleva una nueva política de precios de las operadoras por el acceso de sus clientes a servicios de datos (como Internet), factor que ha lastrado hasta ahora el propio desarrollo del mercado 10. Las incógnitas sobre la oferta de servicios en el celular incluyen aspectos tan trascendentales como la existencia o no de un servicio público universal, es decir, llevar el viejo planteamiento de las redes de telefonía fija y radiodifusión al móvil. Si bien es cierto que el celular de facto es el más universal de los servicios y que, como vimos, este hecho se ha producido al margen de la intervención de los Estados, no es menos cierto el hecho de que una vez alcanzado el paradigma de una persona/un móvil será necesario definir qué servicios mínimos (y por tanto asequibles) debe tener cualquier ciudadano.
En concreto, este principio señalado afecta a las mastodónticas empresas públicas de radiodifusión europeas antaño paradigmas de servicio público audiovisual y hoy inmersas en una crisis de identidad ante la indiferencia de los nuevos públicos. Y es que el moderno servicio público debe ir a la búsqueda de sus potenciales usuarios allí donde se encuentren, con independencia de la tecnología que éstos utilicen, y no al revés, esperando que los contribuyentes (re)descubran los beneficios de su oferta postrados en una tecnología (la TV) y en una forma de difusión que refleja los intereses del punto (de origen) pero no de la masa, convertida ahora en una miríada de puntos. La existencia de Grupos de comunicación nacionales y globales con intereses en el mercado multimedia no es condición suficiente para que se produzca la Convergencia entorno al móvil, ya que las tecnologías para la producción y las formas de acceso a las redes son ya tan universales que cualquier actor del mercado puede convertirse en competidor con independencia del sector de donde proceda. La tentación de dejar en manos del mercado el desarrollo de una oferta de contenidos multimedia para celulares es grande, sobre todo en aquellas regiones donde realmente nunca ha habido un servicio público universal, pero debe ser matizada por el importante factor de una apertura y una transparencia absoluta de este nuevo mercado, dejando que la libre elección de los usuarios (como hasta ahora) sea la que determine qué es básico y qué prescindible.
Simultáneamente, a esta libertad de elección de los contenidos se le debe añadir la libre selección de redes por parte del usuario del móvil. Lo que significa que éstos deben tener la capacidad (efectiva) de usar la red que más le convenga en cualquier lugar y en todo momento, en función de sus intereses. La integración en los últimos modelos de móviles disponibles en el mercado de conectividad Wifi y bluetooth (y WIMAX), además del celular, reafirma este principio de libre elección de redes, verdadera condición sine qua non para la existencia de un servicio universal. La conclusión preliminar por tanto es que o se da un servicio universal en el sentido descrito o la Convergencia se limitará a un simple movimiento estratégico empresarial, de corporaciones provenientes de mercados maduros que no desean estar al margen de un mercado emergente pero limitado. La Convergencia, con independencia de los dígitos que se empleen para describir su fase, parte ahora de unos usuarios que por primera vez son conscientes de su poder para priorizar usos, aplicaciones y redes. En consecuencia, el reto de los sectores industriales potencialmente involucrados en este proceso consiste en saber dar respuesta y satisfacción a esta nueva demanda individual y a la vez universal.
