Grandes Inventos
Desde las herramientas paleolíticas hasta la imprenta de tipos móviles, los inventos marcaron etapas decisivas en el desarrollo técnico y cultural.
Tales casos constituyen una de las características del proceso tecnológico: la utilización de un invento está determinada esencialmente por las necesidades de la sociedad en ese momento histórico, y no antes, cuando las condiciones sociales permiten soluciones de más fácil obtención. En Egipto, Mesopotamia, la India, China, Grecia o Roma, muchas de las invenciones logradas en el transcurso de las respectivas civilizaciones no encontraron aplicación definida y fueron abandonadas, ya que la abundancia de esclavos hacía innecesarios los instrumentos mecánicos. Otra de las características del proceso tecnológico es que, en ciertos períodos, los inventos no pueden ser atribuidos a ningún individuo en particular y, a veces, ni siquiera a una determinada cultura o civilización. Tal fenómeno, inherente a la estructura no individualista de las culturas antiguas (reaparecido durante la Edad Media), tuvo sus primeras modificaciones en Grecia y Roma y se extinguió casi totalmente con la Edad Moderna, cuando el ascenso de la burguesía volvió a destacar al individuo creador en el arte, la ciencia o la técnica.
Inventos como los enumerados anteriormente, y otros como la brújula, la pólvora, el papel y el reloj mecánico; así como aplicaciones fundamentales en el campo de la construcción, como el arco, la bóveda y la cúpula, fueron el resultado de una conjunción de esfuerzos individuales elaborados durante siglos y que cuajaron en tales elementos. Esta tendencia al anonimato de los creadores de formas e instrumentos ha vuelto a surgir en la actualidad. El trabajo en equipo, la multiplicidad de las técnicas y su complejidad han producido una especialización extrema que obliga a la unión de varias personas para poder llevar a cabo trabajos de investigación o de construcción. El desarrollo de la técnica actual ha posibilitado una serie de realizaciones que no pueden atribuirse a ninguna personalidad en particular, sino a equipos organizados con fines de investigación.
El acero, los plásticos, las materias químicas sintéticas, el cemento armado y los instrumentos electrónicos se cuentan entre los inventos más importantes de esta época y no pueden ser considerados patrimonio de ningún individuo ni de ninguna cultura en especial. Los inventos e inventores que serán tratados a continuación constituyen, por lo tanto, un fenómeno de la Edad Moderna y de la primera parte de la Edad Contemporánea. Ellos son algunos de los más destacados representantes del período de impetuoso desarrollo técnico iniciado en el Renacimiento y que sentó las bases del progreso de nuestra época y del futuro.
La imprenta, el invento que inaugura la Edad Moderna
La comunicación escrita, cuyo origen se remonta a las primeras civilizaciones, tuvo un lento desarrollo, limitado en sus medios por el trabajo de los copistas, que trasladaban los textos a mano utilizando arcilla, papiro, pergamino u otros elementos aptos para recibir la escritura. La impresión con planchas xilográficas, utilizada en China y en Japón (siglo VII), evolucionó hacia la impresión manual con tipos movibles de madera (siglo XI) y luego de metal (siglo XIV). El mismo proceso se produjo en Europa en un lapso mucho más reducido: las impresiones xilográficas de textos o impresiones velarias tienen su primer registro en Rávena en el año 1289, y durante el siglo XIV y principios del XV existen evidencias de su utilización en Ulm, Venecia y Bruselas. En cuanto a la impresión manual con tipos movibles, era conocida en Amberes, Haarlem y Aviñón a principios del siglo XV.

El perfeccionamiento de la impresión con tipos movibles, tema de controversia, es considerado generalmente obra de Johannes Gutenberg (Johannes Gensfleisch), quien habría desarrollado entre 1436 y 1450 la impresión mecánica, la fundición de tipos metálicos y la modificación de las tintas adaptadas al trabajo de la prensa. Entre las principales piezas impresas en el taller de Gutenberg y sus socios Fust y Schoeffer, quienes posteriormente quedaron como únicos dueños, se hallan un almanaque del año 1448, impreso en 1447 —fecha aceptada convencionalmente como la de la invención de la imprenta—, la Biblia de 42 líneas (1455) y una serie de cartas de indulgencias papales.
La imprenta, rechazada al principio por ciertos sectores que la consideraban una burda imitadora de manuscritos, coexistió durante cierto tiempo con éstos y con las impresiones xilográficas, pero a fines del siglo XVI se había impuesto en forma total. La extensión de la cultura a capas más amplias de la sociedad fue acompañada por la difusión de conocimientos científicos y técnicos, y de los idiomas nacionales, que reemplazaron al latín como lengua de la cultura. Una de las características más importantes de la evolución posterior de la imprenta fue el constante perfeccionamiento de los tipos y de la presentación de la obra. Entre los principales impresores se destacan los Estienne, los Didot y Bodoni, quienes sentaron las bases de la tipografía moderna.
