17 abril, 2026

Del drenaje urbano a los electrodomésticos, la tecnología redefine las tareas y el entorno doméstico.

Cuando la tecnología dio origen a la vivienda y al vestido, también generó la constante necesidad de ocuparse de ellos. Limpiar, cocinar, zurcir, lavar y, en muchas sociedades, decorar fueron tareas tradicionalmente asignadas a las mujeres. Aunque esta situación ha cambiado, el patrón aún persiste en parte.

En la actualidad, muchas tareas domésticas son realizadas por máquinas, como barrer o lavar. Sin embargo, los estándares de higiene han aumentado y gran parte del trabajo doméstico continúa siendo necesario. Dos avances fundamentales transformaron la vida doméstica moderna: los sistemas de drenaje en el siglo XIX, que permitieron el crecimiento urbano sin riesgos sanitarios graves, y la energía eléctrica en el siglo XX, que hizo posible la iluminación y el uso de electrodomésticos.

La vida doméstica también se ha modificado con la incorporación de nuevos materiales, como el plástico.

Aspiradora de fuelle

Esta aspiradora de principios del siglo XX requería dos personas para funcionar: una accionaba los fuelles y otra manejaba el aparato. En la década de 1930, con la expansión de las centrales eléctricas, muchos hogares comenzaron a contar con electricidad. Aunque ya existían aspiradoras eléctricas, sin materiales modernos como el plástico seguían siendo pesadas y costosas.

Trabajos de drenaje

La vida urbana depende de la tecnología. Tres epidemias de cólera causaron la muerte de más de 20.000 personas en Londres entre 1832 y 1854. La enfermedad se propagaba a través del agua contaminada que desembocaba en el río Támesis.

En 1858 se iniciaron grandes obras de infraestructura para construir tuberías que transportaran los desechos hacia la desembocadura del río, donde las mareas los llevarían al mar. El proyecto finalizó en 1875 e implicó drenar aproximadamente 60 km² de marismas y construir estaciones de bombeo.

Luz en el hogar

En el siglo XIX, el gas y el petróleo eran las principales fuentes de iluminación doméstica, aunque resultaban débiles y peligrosas. El desarrollo de un filamento eléctrico duradero marcó un punto de inflexión.

Las primeras lámparas eléctricas utilizaban filamentos de carbono en vacío. Con el tiempo, estos fueron reemplazados por filamentos metálicos más eficientes, introducidos en atmósferas de gases inertes para evitar su combustión.

Encendiendo una vela

Solo una pequeña parte de la energía contenida en la cera se transforma en luz. Aun así, la vela moderna es un objeto técnicamente optimizado: la cera y el pabilo están diseñados para consumirse de forma uniforme, sin goteo ni residuos.

Lámpara de petróleo

Las lámparas de aceite reemplazaron a las velas cuando se desarrollaron combustibles adecuados. Estas utilizan parafina, un derivado del petróleo, que permite una combustión más estable.

Lámpara Edison

Thomas Edison y Joseph Swan desarrollaron lámparas eléctricas en 1879, que comenzaron a comercializarse en 1881. Sus filamentos de carbono funcionaban en vacío para evitar la combustión. Aunque su luminosidad era limitada, representaron un avance significativo respecto a los sistemas anteriores.

Lámpara moderna

Las lámparas incandescentes modernas utilizan filamentos de tungsteno, un metal que soporta altas temperaturas. El interior del foco se llena con gases inertes como el argón, lo que prolonga su vida útil. El filamento se enrolla para concentrar el calor y mejorar la eficiencia luminosa.

Lámpara fluorescente compacta

Estas lámparas funcionan mediante una descarga eléctrica que atraviesa vapores de mercurio, generando luz ultravioleta. Esta activa un recubrimiento interno que emite luz visible. Su eficiencia es superior a la de las lámparas incandescentes.

El uso de componentes electrónicos permitió aumentar la frecuencia eléctrica, reduciendo el tamaño del sistema y facilitando su uso doméstico.

Una imitación eléctrica

Entre 1900 y 1930, la vida doméstica cambió de forma significativa. El trabajo de los sirvientes fue reemplazado progresivamente por electrodomésticos. Sin embargo, algunos usuarios preferían diseños que imitaran objetos tradicionales.

El desarrollo tecnológico también redujo el tamaño y peso de herramientas eléctricas. Por ejemplo, el primer taladro eléctrico, creado en 1917, pesaba cerca de 11 kg, mientras que los modelos actuales pesan alrededor de 1,5 kg gracias a materiales como el acero optimizado, aislantes eléctricos y plásticos resistentes.

Más recientemente, las baterías han permitido la aparición de herramientas inalámbricas, ampliando su uso en actividades domésticas. Estas herramientas facilitan la realización de tareas de construcción y reparación sin necesidad de contratar servicios externos, consolidando el enfoque del “hágalo usted mismo”.