22 julio, 2026

La creencia fundamental de nuestra democracia norteamericana estriba en la dignidad del hombre. Como resultado de tal creencia hemos ideado el proceso del grupo como un medio de gobernar nuestros asuntos. En todas las fases de la vida encontramos gente que trabaja en grupos para resolver sus problemas. La junta de la iglesia es un ejemplo. También lo es el grupo municipal de extensión granjera y la mesa directiva del sindicato local. La sucursal local de los clubes federados de mujeres y la comisión para los equipos de la Liga Pequeña, todos actúan como grupos democráticos formales. Se podrían citar de la misma manera el directorio de la compañía más gigantesca, o la poderosa comisión de finanzas del senado de los Estados Unidos de América. 

Tales grupos no son desconocidos en otras democracias, pero los norteamericanos son los más extraordinarios en su fe en el grupo democrático formal como medio para resolver problemas. Aun en las democracias muy adelantadas el “pueblo” ha delegado la formación de la política como también las actividades diarias a los ricos, los “bien nacidos” o al “establecimiento”. En otros países, pequeñas oligarquías o aun dictaduras regulan los asuntos de los hombres. Pero en los Estados Unidos de América continuamos teniendo fe en que la gente, cuando tiene acceso a los hechos, puede tomar mejores decisiones que las que otros pueden tomar por ella. Por causa de estas creencias y confianza, nuestras vidas están rodeadas constantemente por el proceso de la acción del grupo, y constantemente se efectúan demandas a nuestro tiempo y a nuestro interés por esta miríada de grupos. Los autores opinan que los siguientes supuestos son fundamentales para una confianza en el proceso del grupo democrático:

La acción del grupo está basada sobre el consenso general del grupo, logrado mediante la participación de todos sus integrantes, de acuerdo con sus aptitudes diferenciales para contribuir. Como corolario, todos los integrantes del grupo, no sólo determinados conductores, son responsables de la calidad de lo que produce el grupo. La productividad del grupo puede incrementarse mediante esfuerzos, tanto del total de sus miembros como de los integrantes individualmente, para mejorar sus capacidades en relaciones humanas, para fomentar una mejor interacción del grupo y también mediante la valoración continua del progreso hacia la meta y de los medios empleados para lograr tal progreso.

La característica esencial del grupo democrático consiste en que las decisiones son tomadas por el grupo como un todo, participando cada miembro sobre la base de sus habilidades e intereses. Idealmente, una característica adicional es que las ideas son valoradas más bien sobre la base del mérito y de su conveniencia para el logro de la meta que por la posición relativa de sus proponentes. Además, un grupo es una unidad social cuyo proceso puede ser analizado. El grupo democrático formal no es un grupo que actúa con el sistema laissez-faire (dejar hacer) ni un grupo autocrático. El grupo de laissez-faire está caracterizado por su falta de organización. Por lo general se celebra una reunión de la junta del partido para designar los candidatos, reunión cuya organización es sumamente variable. El gran defecto de tal grupo es su ineptitud para realizar cualquier propósito. La iniciativa individual es ahogada y el progreso por lo general es nulo. Se logran realizaciones cuando comienza a tener lugar una organización más definida, por lo general cuando se tiene en vista una elección que será muy disputada. En ese momento el grupo se torna a menudo verdaderamente democrático y se efectúa un progreso real. Lamentablemente puede aparecer un defecto aún mayor en el grupo de laissez-faire. Existe facilidad para que ciertos individuos se apoderen del control de tal grupo para sus propios fines y lo conviertan en una autocracia. Esto es lo que sucede cuando se hace cargo de él una camarilla política. Algunas de nuestras situaciones políticas más venales se producen como consecuencia de la falta de organización de los grupos locales.

El grupo autocrático está dominado por un individuo o una “camarilla de poder”. Los miembros ordinarios de la asociación pueden llevar a cabo ciertos actos de la conducta democrática, pero sólo están presentes para aprobar ciegamente las decisiones de la conducción. En los grupos de este tipo (y son muy comunes) hay amplias diferencias de status entre los integrantes, y la comunicación tiende a realizarse en un solo sentido: de los conductores a los partidarios. Las ideas se aceptan sobre la base de su origen, no por su valor intrínseco. Cuando el conductor (sobre la base del prestigio o por haberse apoderado del poder) propone una moción por lo general se acepta. Otro buen ejemplo se encuentra en ciertos negocios pequeños que tienen un directorio elegido entre los accionistas. A menudo un único individuo o una camarilla posee la mayoría de las acciones y el directorio, integrado por accionistas minoritarios, sólo reproduce servilmente el plan, las necesidades y los deseos del grupo dominante. El grupo autocrático contiene, por lo general, la semilla de su propia destrucción. El retiro, la enfermedad o la muerte del conductor autocrático ocasiona comúnmente una disputa por el poder entre sus sucesores. Tal “revolución de palacio” puede conducir a la asunción del poder por otro dictador u otra camarilla. Puede dar como resultado la formación de un grupo democrático o el grupo puede disiparse en el olvido.