20 mayo, 2026

Crear riqueza para el Siglo XXI

El análisis aborda cómo los programas de tecnología educativa pueden vincularse con la formación de capital humano, la generación de propiedad intelectual y la extracción de datos en los sistemas de enseñanza.

Ciertamente, la forma en que Arboleda define al programa OLPC y la distribución de máquinas de enseñanza como una manera de “crear riqueza para el Siglo XXI” en forma de propiedad intelectual obtenida del capital humano preparado adecuadamente, remarca que esto se lograría permitiendo el surgimiento de un gran número de creadores de propiedad intelectual (es decir, ingenieros, científicos e innovadores que generen Propiedad Intelectual) en las aulas de América Latina. No se esfuerza mucho en explicar las implicancias de que los sistemas educativos centren sus esfuerzos en formar creadores de Propiedad Intelectual en lugar de ciudadanos. Tampoco se pregunta “si gastar nuestros limitados fondos educativos en respaldar la tecnología nos acercará a los fines democráticos que son el centro y el alma de la educación pública”. Y tampoco se esfuerza mucho en referirse a lo que ya es un tema candente entre los pedagogos y usuarios de tecnología educativa en América: los medios reales con los que se maneja las interacciones digitales de las tecnologías de enseñanza actuales, para generar nuevas formas de bienes informáticos y Propiedad Intelectual dentro de los mercados educativos. Es decir, la recolección y extracción de datos sobre el desempeño del profesor y el estudiante, y la cuantificación de las evaluaciones de aprendizaje que permiten las interacciones digitales masivas. Dichos cálculos en los mercados educativos contemporáneos hacen hoy posibles poderosas herramientas que permiten que las decisiones de popularización se realicen con precisión microscópica, indicando dónde se debe hacer inversiones y dónde hay que evitarlas. Conscientes de que esas nuevas tendencias han comenzado a definir los mercados tecnológicos educativos, incluso antes de ser percibidos por la vasta mayoría de estudiantes, profesores y público al que impactarán, los historiadores de la educación como Audrey Watters han realizado trabajos que subrayan cómo cada vez más hoy en día “la tecnología educativa se ha vuelto algo relacionado al control, la vigilancia y la extracción de datos” de los actores participantes, una tecnología modelada a la imagen de los nuevos ideales informáticos. 

Es decir, el capital humano cultivado con las posibilidades de los entornos tecnológicos educativos contemporáneos puede optimizarse con estrategias de obtención de valor a partir de futuros trabajadores humanos. Esto se lograría por medio de inversiones y arquitecturas tecnológicas educativas contemporáneas y estrategias de extracción de valor inmediato, ejecutadas a través de recolecciones instantáneas de datos y cálculos sobre las interacciones de los estudiantes actuales (y de los futuros trabajadores) con dichas arquitecturas digitales. Como señala Watters: “Cada vez más, la tecnología educativa trabaja concertadamente con los esfuerzos (exigidos en parte por las políticas educativas) por obtener más datos. Escuchamos afirmaciones de que más datos y más análisis abrirán la “caja negra” del aprendizaje”. La autora señala entre las compañías que hacen estas afirmaciones más abiertamente, y que dirigen la obtención de datos educativos, a Knewton, una compañía asociada con instituciones educativas y editoras de libros de texto para crear contenido “adaptable” y “personalizable” para estudiantes. Con millones de datos supuestamente “procesables” provenientes diariamente de millones de estudiantes de todo el mundo, el CEO José Ferreira dice que la educación es “la industria a la que más datos se le puede extraer en el mundo hasta la fecha”. Ferreira hizo alarde de acción de Estados Unidos en 2012, diciendo: “Tenemos datos acerca de tenemos más datos acerca de nuestros estudiantes que cualquier con Literalmente sabemos todo acerca de lo que saben y cómo aprenden

Ferreira era solo uno de los 150 empresarios líderes, desarrolladores creciente software tecnológico educativo cuyas ventas el año pasado alcanzaron casi $8 mil millones, según la Asociación del Software y de la Industria de la Información) reunidos en Datapalooza. Como otros vendedores de productos educativos presentes, Ferreira puede evitar referirse a los graves temores sobre la privacidad, gracias a su capacidad de aprovechar la legibilidad de los ideales informáticos emergentes entre su audiencia. Es decir, su audiencia es capaz de reconocer la lógica y la promesa de un nuevo flujo masivo de datos “procesables” que las tecnologías futuras prometen desencadenar, y de las nuevas soluciones digitales que harían el contenido “adaptable” y “personalizable” no sólo para distintas poblaciones de alumnos, sino también para los distintos gobernantes que buscan optimizar el desempeño económico futuro del capital humano y hacer los cálculos e inversiones (o desinversiones) necesarios según ello. Esa expectativa fue definida en relación con otro mensaje, se puede decir que un mensaje más fundacional (que dio inicio al evento en sí): la grave “realidad” actual que hoy encaran los educadores. Como declaró el Ministro de Educación Arne Duncan después de describir la calidad de la educación como desesperantemente mediocre: “El modelo de fábrica para la educación es el modelo equivocado para el siglo XXI escuelas deben[…]hacer mucho más para personalizar la instrucción”. Y no tuvo reparos en decir a la audiencia que los métodos y recursos actuales, incluyendo los libros de texto, “se volverían obsoletos”, como señaló después, “tan pronto como podamos volverlos obsoletos” pueden introducirse rápidamente en la economía y convertirse en cálculos tecnologías educativas. Y aunque aún es algo que no se menciona mucho, Y ahora también de los estudiantes) se vuelve un tema clave.