¿Hacia dónde va la Civilización Tecnológica?
Debate entre crítica ética de la megatécnica y balance de logros materiales de la tecnología moderna.
Poco después de que Heidegger llamará la atención sobre los peligros de la tecnología contemporánea, lo hizo también Lewis Mumford. El pesimismo de Mumford es aún más explícito que el de Heidegger: el autor hace una severa crítica a la Tecnología como dominio de la naturaleza que llegaría eventualmente a dominar al hombre mismo. Dice que es el pensamiento y no la fabricación de herramientas lo que hace humano al Homo sapiens y que, por ello, merece más ese nombre que el de Homo habilisu Homo faber. En eso se contrapone diametral y explícitamente a los exponentes del pragmatismo.
Mumford hace una distinción, que se ha perpetuado hasta ahora, entre una corriente que propugna una tecnología “a la escala humana” y la tendencia “megatécnica” dominante y dominadora. Diferencia una politécnica artesanías tradicionales, hechas en forma individual de una monotécnica, de carácter hegemónico y sólo compatible con una organización de los seres humanos en gran escala, tal como lo estamos viviendo con preocupación en los años recientes. La misma consideración está en la base de la propuesta utopista de E.F. Schumacher, quien se hizo muy famoso en los años setenta con su libro Lo pequeño es hermoso.”2 Este autor es uno de los originadores del concepto de “tecnología apropiada”. Si bien Schumnacher creía en que “lo pequeño es posible”, Mumford admite que su programa es irrealizable. Destaca que la tendencia hacia la monotécnica o mega técnica está en marcha inexorablemente desde los albores de la civilización de los grandes imperios, hace por lo menos cinco mil años; que hizo necesaria y produjo una organización jerárquica de la sociedad y el surgimiento del poder político coercitivo como uno de los ejes estructurantes del quehacer humano. Se trata pues de una crítica ética de todo el desarrollo social humano desde los comienzos de la civilización, más que de un análisis de la Tecnología o de lo artificial como fenómeno humano.
Algo similar intentan otros autores que analizan, no tanto la naturaleza de lo artificial, como la forma en que ha sido posible que surgiera un sistema tan intrincado y complejo de objetos y de relaciones como los que produce la tecnología moderna. Se trata aquí de un estudio más sociológico que antropológico, que deja para los antropólogos el interesante tema de los orígenes remotos, pero que considera la tecnología moderna como un dato de la realidad y trata de vislumbrar hacia dónde nos lleva su evolución. La mayoría de estos autores son pesimistas en su apreciación de la manera en que se está produciendo la evolución social, con el impacto de los indiscutibles logros de la tecnología moderna, que con sus beneficios trae a la sociedad los problemas asociados a su eficacia, su gigantismo y la dificultad de controlar sus efectos sobre el medio ambiente y sobre la sociedad misma.
Sin disminuir en lo más mínimo el peso de los argumentos exhibidos por estos autores, debemos, sin embargo, hacer justicia a la Civilización Tecnológica destacando sus indudables éxitos en muchos campos: ha hecho la vida de gran parte de la humanidad más larga, más fácil y más agradable; ha liberado a grandes masas de humanos de los trabajos más pesados; ha hecho que el nivel de vida material de la mayoría de la población en el mundo desarrollado fuese mejor que el de los nobles en la edad media. Esto se aplica también al concepto más reciente de calidad de vida, que está algo menos sujeto a las interpretaciones ideológicas.
Uno de los indicadores más elocuentes de ese hecho es la esperanza de vida al nacer, que hasta el año 1800 era de 20 a 30 años, aun en los países de mejor nivel de vida. La cifra correspondiente llegó a 40 años hacia 1870, a 50 en 1915, a 60 en 1930, a 70 en 1955 y está en los 80 en la actualidad. La tecnología moderna ha hecho las guerras mucho más mortíferas, pero a la vez ha salvado más vidas que en todas las guerras de la historia de la humanidad.
Ante los temores expresados por los que ven en la mega técnica sobre todo una amenaza para la supervivencia de la especie humana, y aun de la vida toda, los tecnófilos aseguran que, así como la experiencia y la historia indican que en el pasado la Tecnología siempre ha sido capaz de resolver todos los problemas que se le plantearon seguramente sabrá encontrar soluciones para los peligros que ahora se ciernen sobre el equilibrio ecológico y social mundial. Si bien es posible que así ocurra, esta afirmación está cargada de ideología: expresa una fe en el progreso que muchos han abandonado y en los intereses políticos y económicos del sistema dominante.
