La técnica de mercado del hype no es casual, sino que está diseñada como un dispositivo del mercado
El texto analiza cómo el discurso tecnológico construye expectativas de futuro y presenta a las empresas informáticas como soluciones frente a la supuesta obsolescencia de los sistemas educativos.
Como señala el mismo autor, “El hype es un juego que se desarrolla constantemente en el futuro, para generar el presente que permita el futuro”. El hype parecía correr, como una corriente eléctrica, por las áreas de demostración de Virtual Educa, rebosantes de fe en fábulas tecnológicas relatadas fantásticamente. Incluso la idea de aulas en la nube a nivel nacional (cuando muchas escuelas rurales de hecho operan sin una línea telefónica operativa confiable) podía hacerse realidad. No importaba lo desligadas que esas proyecciones estuvieran respecto a las condiciones reales conocidas y vividas del presente, había un optimismo general en las diversas plataformas de productos que conforman el espacio. Sin embargo, por mucho que se recurriera a la exageración publicitaria y al optimismo entre los asistentes a Virtual Educa, era claro que los usaban sólo como un elemento importante del total de dispositivos de mercado afectivos posibles. Más allá de los deslumbrantes espacios de demostración, en las salas de conferencia en las que los patrocinadores de corporaciones y los funcionarios de gobierno participaron como panelistas en presentaciones ante la audiencia, se invoca un tipo de afecto marcadamente distinto: uno que se basaba en la proyección distópica del riesgo exacerbado, la disrupción e incluso la destrucción como perspectivas futuras.
Por ejemplo, ante una audiencia conformada por profesores de colegios públicos peruanos, que literalmente escuchaban de pie la conferencia, Matías de Hewlett Packard, de Silicon Valley, explicaba la perspectiva de la compañía sobre los retos contemporáneos de los educadores globales y su rol en la promoción de la innovación en la era digital. Y lo hacía resaltando serias proyecciones sobre el futuro de la enseñanza: “Hemos trabajado en muchos países, hemos colaborado con muchos países […] y uno de los desafíos que hemos visto es que el sistema educativo en el que todos participamos hoy, en nuestra opinión, es un sistema actualmente obsoleto. No es un sistema que genere talento, ni un sistema de educación personalizada”. Siguió dando varios ejemplos desalentadores de técnicas de enseñanza supuestamente fracasadas e ineficaces que aún son usadas por los educadores públicos en las aulas, antes de mostrarse positivo: “Pero esta es la noticia que vengo a darles: estamos aquí para ayudarles, estamos aquí para apoyarlos en este proceso de adopción tecnológica y práctica educativa que consiste no solo en mostrar diapositivas. HP cumple 75 años como uno de los líderes mundiales en tecnología y les traemos y brindamos toda esa experiencia para cambiar vidas y el presente, para prepararnos para un futuro mejor. ¡Así que cuenten con nosotros en esa transformación!”.
Esta no fue la primera vez que escuché a un actor del sector tecnológico acercarse de forma tan desconcertante en términos de relaciones públicas. Pero, en este caso, no solo tenía la confianza para acusar directamente a profesionales de ser obsoletos y de no ayudar a crear nacional de relaciones públicas, para garantizar y calmar a su audiencia, lo hizo diciéndoles que incluso si el sistema de educación actual en el que participan se ha vuelto obsoleto, existe al menos un recurso con el que los educadores pueden contar para evitar el riesgo: HP y sus 75 años de historia y “experiencia” como una de las compañías más antiguas de Silicon Valley. En este caso, se menciona a Silicon Valley como un modelo concreto existente pues se supone que su evidente éxito no requiere mucha explicación. Pero el marco en que Matías sitúa a HP no gira tanto en torno al alto modernismo de la compañía, como un sistema que ha mantenido su orden y racionalidad a un alto nivel, ni siquiera en torno a su capacidad de aprovechar esos valores para obtener una nueva creación de riqueza. Por el contrario, esta narrativa gira más sobre la idea de que HP ha logrado cultivar un historial de supervivencia y crecimiento por casi un siglo en la ecología altamente competitiva, incierta y cambiante de Silicon Valley, en la que el crecimiento, los riesgos y la muerte son marcados por la tecnología: un espacio propenso a la popularidad repentina, así como a la irrelevancia repentina en el mercado. En otras palabras, en este caso, Matías hace énfasis en que la compañía (con una historia sin precedentes entre las compañías de Silicon Valley) ha demostrado durante mucho tiempo responder a las condiciones de cambio rápido e incertidumbre en el mercado. Se sugiere que su capacidad de convertirse en líder del mercado y permanecer en esa posición a través de los repentinos cambios de mercado en el Siglo XX, así como su habilidad para enfrentar las incertidumbres de la industria informática durante casi un siglo, son lo que los convierte en un aliado incomparable para enfrentar el mercado dinámico y los cambios tecnológicos que ya se manifiestan en la economía digital del siglo XXI. La aceptación de HP es especial, y para apreciarla basta con reemplazar HP por una compañía de otro sector incluida en la lista Global Fortune 500 (del sector bancario o energético o de industrias de bienes de consumo y servicios), y hablar en nombre de otro gigante de la industria mundialmente reconocido. No importa el poder simbólico y el capital Otorga la lista Fortune 500, es difícil imaginar que actores corporativos grado de indignación o desconfianza en la audiencia. Los actores del sector informático actual demuestran ser un poco la excepción, y HP, incluso después de las declaraciones de Matías sobre la obsolescencia contemporánea de la profesión docente, fue recibido más bien con aplausos de la sala. Los actores de los sectores informáticos demuestran de alguna manera ser la excepción, y HP, incluso después de las declaraciones de Matías sobre la obsolescencia contemporánea de la carrera educativa, recibió más bien una ola de aplausos.
