La superestructura hipertextual o el formato que proponen los académicos
El texto vincula las discusiones sobre la estructura de la noticia online con los antecedentes históricos de las máquinas de enseñanza y los temores sobre la mecanización del trabajo educativo.
El uso de la pirámide invertida en la web, con todo, es motivo de polémica. Autores como Bradshaw (2007,2010), Canavilhas (2006), Edo (2009), Esquivel (2014) o Salaverría (1999 y 2005) sostienen que la pirámide invertida tradicional restringe las posibilidades en la pantalla y debe ser reemplazada, por ejemplo, por una acumulación de información (Larrondo, 2009: 209), que en la práctica ha de darse por reenvío a otras notas. El planteo de Salaverría (1995) que funda esta segunda prescripción, basado, por ejemplo, en la ya clásica propuesta relativa a las configuraciones textuales de Van Dijk (1996: 69 y ss.), establece la necesidad de retornar a las secuencias textuales básicas (descripción, narración, exposición), con una síntesis en el texto base y la información ampliada en notas, infografías o vídeos. Así, la estructura de la noticia tenderá a tener un corazón básicamente descriptivo narrativo, del que se desprenden, entre otras funciones, las reacciones orales de los afectados o un marco que ubique el suceso dentro de una cadena de hechos. Como fuere, la característica más destacada de esta organización, al menos en comparación con la pirámide invertida, es que ya no puede hablarse de una jerarquización de datos de lo más importante a lo menos importante, sino, antes bien, de una narración cronológica, que en el programa de Van Dijk (1990) se asimila a la estructura hipotética de un esquema informativo: relato de la situación y comentarios, episodio y antecedentes, reacciones verbales y conclusiones. Luego de revisar las prescripciones de algunos especialistas acerca de cómo debería organizarse la superestructura de las notas informativas online, se hizo una descripción del esquema superestructura de 68 notas tomadas de clarin.com y lanacion.com.ar. Los resultados de la descripción se compararon con las prescripciones previas y se observó que, en gran medida, esas prescripciones no se cumplen. Particularmente, el reenvío a profundización de aspectos de la nota central por vía de enlaces tiene aún una presencia escasa en la pantalla, al menos en los artículos estudiados. Una de las causas de este desacuerdo entre lo prescrito y lo realizado es el hecho de que las notas que aparecen en la pantalla pueden pasar al papel en pocas horas, por lo que su soporte meta termina resultando ambiguo. Otra de las causas es que los redactores no han tenido formación en escritura periodística y su conciencia acerca de los comportamientos de los usuarios se muestra todavía reducida. En definitiva, distanciadas de las recomendaciones de los expertos y a veinte años de la existencia de prensa en la web, las notas informativas consideradas resultan aún muy aferradas a la lógica del papel.
Lecciones sobre el trabajo del conocimiento global y las historias silenciadas de las tecnologías educativasLos titulares lo decían claramente: “Máquinas de Enseñanza: ¿bendición o maldición?” (Gilmore, 1961); “: Las máquinas de enseñanza de verdad enseñan?” (Margolis, 1963); “: ¿De qué se trata en realidad? ¿Máquinas de enseñanza para un nuevo mundo o máquinas de enseñanza para un mundo feliz?” (Morello, 1965), “: ¿Se puede enseñar a las personas como si fueran palomas?” (Boehm, 1960). En los años 60, varios artículos en la prensa popular norteamericana resaltan los crecientes temores del público en torno a lo que los historiadores de la cultura describen como un “boom” en la invención y promoción de máquinas de enseñanza. Aunque el desarrollo de dispositivos mecánicos de enseñanza se remonta a por lo menos finales del siglo XIX, época en que comenzaron a aparecer dispositivos patentados para uso en la educación, no fue hasta mediados del siglo XX que los historiadores notaron que las innovaciones en las “máquinas de enseñanza” habían logrado generar un movimiento más integral en la materialización de aplicaciones más amplias. Se llevaron a cabo conferencias nacionales e internacionales dedicadas a las nuevas tecnologías de la enseñanza, y publicaciones populares y académicas dedicaron portadas a las nuevas investigaciones y aplicaciones (Benjamin,1988; Cuban,1986,2010; Ferster,2015; Watters, 2014a, 2015). La Asociación Nacional de Educación de los Estados Unidos llegó incluso a publicar un libro sobre el tema: TeachingMachines máquinas de enseñanza y aprendizaje programado), en 1960, de aproximadamente 724 páginas frecuentemente era el impacto que tendrían las máquinas en la una pedagogía mecanizada e interactiva convertiría a los educadores en titulares preguntaban “: Pueden las máquinas reemplazar a los maestros? “exigiendo que los defensores de las máquinas de enseñanza respondieron. Años antes de completar su famosa “máquina de enseñanza” en 1961, el psicólogo e inventor de Harvard B. F. Skinner, tratando de calmar los temores, escribía: “Las máquinas reemplazarán a los maestros? Al contrario, las máquinas serán equipos esenciales utilizados por los maestros para ahorrar tiempo y trabajo. Tras asignar algunas funciones mecánicas a las máquinas, el maestro mostrará su verdadero rol como ser humano indispensable. Podrá enseñar a más estudiantes que antes, algo probablemente inevitable si se desea satisfacer la demanda mundial de educación, pero lo hará en menos horas y con menos tareas pesadas” (1958). Estos debates públicamente visibles nos recuerdan que el actual aumento de inversiones públicas y privadas en nuevas iniciativas educativas que promueven Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), interactivas y para la enseñanza, con el fin de preparar a las poblaciones para la economía de la información del siglo XXI desde programas que ofrecen laptops y tablets para cada alumno hasta plataformas virtuales con cursos online masivos abiertos (MOOCS, por sus siglas en inglés), no es el primer boom de las tecnologías educativas. Los historiadores de la educación han indicado cómo se introdujeron diversas tecnologías de medios (desde radio y cine hasta televisión educativa) en escuelas públicas durante el siglo XX como una forma de mejorar la pedagogía basada en libros de texto, usándolos nuevos medios para transmitir un contenido educativo.
