16 julio, 2026

El grupo tiene un concepto de conducción o liderazgo 

En un grupo donde el individuo se siente seguro, deseado y necesitado, puede aceptar a sus colegas y sabe que ellos lo aceptan. En tal grupo los intereses y las motivaciones de los integrantes se conocen y aprovechan con facilidad, lográndose un progreso rápido hacia las metas elegidas. De tanto en tanto se evalúa el progreso, como también los medíos mediante los cuales se lo logró. El grupo tiene un concepto de conducción o liderazgo que no coloca toda la responsabilidad en unas pocas personas. Intenta emplear métodos racionales para decidir las metas y los medios para lograrlas.

Desgraciadamente, pocos de nosotros podríamos aplicar esta descripción en todos los detalles a nuestros propios grupos. Una perfección que funcione con tanta regularidad raras veces se encuentra en las instituciones humanas. Comúnmente vacilamos, titubeamos y resoplamos hacia nuestra meta. Hay amplias diferencias en la eficacia con que actúan los grupos, variando desde la casi perfección hasta el caos completo.

Cuando se logra una acción eficaz, no estamos muy seguros de por qué las cosas salieron tan bien. En realidad, aquellos que han conducido y desarrollado un equipo que trabaja con eficacia probablemente lo han obtenido por casualidad. Han aprendido por el camino difícil principalmente por el método de ensayos y errores cuáles son las técnicas que les resultan. Raras veces pueden explicar las razones por las cuales se eligió determinado método o por qué tuvo éxito. Han aprendido por experiencia que ciertos métodos dan resultado, y con frecuencia están igualmente seguros de que otros planes fracasarán.

Decimos que estos individuos han desarrollado el “arte” de la conducción; que pueden “sentir” la disposición natural de un grupo; que parecen poder intuir los pasos que deben darse. Por supuesto que no existe cosa tal como un “conductor innato”. Aquellos que tienen éxito son quienes, consciente o inconscientemente, han elegido los métodos más apropiados basándose en su experiencia. Desgraciadamente, no pueden comprender por lo común su propia habilidad y, por lo tanto, son incapaces de comunicarla a otros. También, a menudo, no tienen el don de adaptar enteramente sus métodos a las situaciones completamente nuevas que puedan surgir.

Aun los conductores más hábiles, a medida que intentan el desarrollo de los integrantes del grupo para convertirlos en conductores, encuentran dificultad en transmitir el conocimiento básico de la conducta humana que origina su habilidad. Por más hábiles que sean, muchas veces no pueden transmitir esta habilidad a otros.

El campo de las relaciones humanas se está ampliando rápidamente más allá de los confines de un arte que está reglamentado por el “sentido común”. Uno de los objetivos de la sociología es el de aportar métodos científicos al estudio del comportamiento del grupo: análisis, experimentación y generalización válida. De estos estudios están emergiendo ciertos conceptos, principios y recursos que, una vez entendidos en su totalidad, acrecentarán grandemente el logro de la habilidad de conducción. Una vez comprendidos, los principios básicos de las relaciones humanas pueden ser aplicados hábil y adecuadamente sin los titubeos propios del método de ensayo y error. He aquí el propósito de este libro: la interpretación de esas generalizaciones de la sociología y la psicología social con respecto al comportamiento del grupo humano, de tal manera que sean aplicables a los problemas diarios de la vida del grupo.

Cuando se manifiesta que la gente tiene, dentro del alcance de sus aptitudes, la habilidad para reconocer, definir y resolver sus problemas comunes, no se presume que un grupo cualquiera tenga todo el conocimiento necesario. Se supone que las personas inteligentes y racionales investigarán los hechos necesarios sobre los cuales basarán una decisión. Un grupo que obra sin haber estudiado los hechos, está meramente sumando la ignorancia de sus integrantes y no puede esperar soluciones racionales bien basadas. Esto se podría comparar con la frase que afirma que una vez que el medio ha diagnosticado el mal de su paciente, es fácil indicar el tratamiento. Sin embargo, ello puede ser cierto únicamente cuando el conocimiento de los principios involucrados es básico y amplio.

Las ideas y las generalizaciones a que tan a la ligera se ha hecho referencia son en realidad complejas. Para la comprensión, simplificamos:

Se espera que el lector amplíe, desarrolle y organice mejor las ideas más o menos generales que tiene con respecto a la psicología social del individuo en el grupo, y del grupo mismo. Se desea, además, que su conocimiento y comprensión de las fuerzas internas y externas de la conducta (dinámica) de grupo, pueda ser ampliado de manera que le sea posible aplicar este conocimiento de una manera práctica. Para este fin, también se describirán ciertos métodos y técnicas, siempre con la esperanza de que el lector podrá desarrollar su propio modo de actuar con el objeto de llenar sus propias necesidades y las de su grupo en distintas situaciones.

Salvo que estemos dispuestos a cultivar nuestra habilidad para las relaciones en el grupo, nuestra democracia puede seguir el camino de las grandes democracias de la historia, y como los atenienses, podemos destruirnos nosotros mismos. A fin de mantener nuestro sistema de vida, debemos estar eternamente atentos, no solamente a enemigos externos, sino también a la ignorancia, la indiferencia y el letargo interno. Hay actualmente una tendencia a pensar que la democracia es algo que se está almacenando para nosotros en alguna parte dentro de la gran burocracia de Washington y a la cual rendimos un homenaje hipócrita cada cuatro años al votar en la elección presidencial. Nada podrá estar más alejado de la verdad. La democracia vivirá o morirá como resultado de las acciones diarias de todos nosotros: cuando asistimos o dejamos de concurrir a una reunión, cuando firmamos o nos negamos a firmar una posición, cuando aceptamos o rehusamos nuestro nombramiento para una comisión.