Ingeniería genética. El juego de la vida
El desarrollo de la ingeniería genética abrió la posibilidad de intervenir sobre el ADN y, al mismo tiempo, nuevos debates científicos, médicos y éticos sobre sus límites.
James Dewey Watson es quizá el Nobel de ciencias más famoso de estos tiempos. Es quien desarrolló con Crick y Wilkins el primer modelo del ADN, la estructura primordial de la vida. Estuvo en el país junto con otros Nobel extranjeros y con varios investigadores argentinos destacados en el mundo en ocasión de la Feria del Libro que se dedicó a la ciencia y la tecnología. Watson, un hombre con fama especial desde que en su autobiografía The Double Helix (“La doble hélice”, esto es,la representación de la estructura del ADN) desnudó una puja con colegas por la propiedad del hallazgo que por cierto contradijo algunas de las normas ideales que orientan a los científicos según el sociólogo Robert Merton universali 148 dad, comunidad, escepticismo organizado, desinterés sostuvo aquí un punto de vista radical sobre la libertad de investigación.
En aquella ocasión de su visita a la Argentina Watson arremetió contra los temores en general y en particular contra los burócratas reguladores, a los que calificó lindamente como “genéticamente descartables”. Relató que cuando se iniciaron en 1977 los experimentos en bacterias con ADN de recombinación se alzaron muchas voces acusando a los científicos de irresponsables. Con las plantas de maíz, por ejemplo, se habían logrado aumentos espectaculares, pero como en Estados Unidos se debía comprobar burocráticamente que algo es seguro en lugar de demostrar que no es peligroso, se había tenido que matar esas variedades “antes de que escapen del laboratorio”. Cuando se había logrado el “Súper Ratón” se reclamó por los “derechos humanos” de los ratones. Calificó esto como una ridícula mistificación de la ciencia. El ratón tiene derecho a vivir sólo si el gato está de acuerdo y si posee las moléculas de ADN que le permitan tener las respuestas adecuadas para esquivar al gato.
Dijo que tenemos que educar a la población en esta clase de trabajos. No debe haber una sociedad nerviosa ante la ingeniería genética. Tenemos que preocuparnos por la condición humana y tratar de atenuar el sufrimiento en la medida en que sea posible. Vamos logrando gradualmente la posibilidad de eliminar algunas patologías genéricas podemos animarnos al síndrome de Down y hasta a la esquizofrenia, por ejemplo y ya vislumbramos la posibilidad de controlar muchas. Sin embargo, como algunos piensan que el aborto es incorrecto porque todos los chicos tienen derecho a vivir …bueno, eso es una posición filosófica. Si uno cree que la criatura nace como consecuencia de la evolución del ADN y que las mutaciones siempre ocurren, debe aceptar el hecho de que nacerán chicos con patologías genéticas sin solución. No nacerán por el designio digitado por alguna divinidad sino por la replicación accidental del ADN. “Desde este punto de vista creo que la forma más altruista de actuar es abortando esos fetos, evitándose existencias miserables para los niños en que se convertirán. Es un tema debatible y pienso que la sociedad debe enfrentarlo.”
Tales su posición y opiniones de entonces. En los últimos tiempos Watson fue otra vez noticia mundial. Designado para dirigir el gigantesco proyecto internacional sobre el genoma humano, que tiene un presupuesto de más de cuatro mil millones de dólares, se fue luego de un par de años dando un portazo. Se puede suponer que el genio y figura que a las narices de otros burócratas “genéticamente descartables”. Un abogado de Washington, Jeremy Rifkin, escritor, conferencista y “lobbyists”, ha mantenido una posición militante por la prohibición de los experimentos de ingeniería genética a tal punto que una bióloga Maxine Singer, presidenta de la Carnegie Institution de Washington lo compara en cuanto a peligrosidad con Lysenko, aquel charlatán que, despreciando a Mendel y la genética “burguesa”, arruinó a la agricultura soviética cuando Stalin.
Lo cierto es que a partir de 1970 los riesgos potenciales de la investigación del ADN recombinante han estado en el orden del día. La Academia de Ciencias de Estados Unidos convocó en 1974 a una Conferencia Internacional con motivo de “la seria preocupación” de algunos científicos en torno a moléculas que podrían resultar “biológicamente peligrosas”. Pedía, al mismo tiempo, “aplazar voluntariamente cierto tipo de experimentos” hasta tanto esos riesgos hubiesen sido adecuadamente evaluados. La reunión se realizó al año siguiente en Asilomar (California) y se elaboró un informe para ser utilizado como guía por los cuerpos administrativos y legislativos. Estas guías han venido demostrando, a través de un continuo proceso de revisión y corrección, una evidente utilidad como reaseguros de la experimentación, sin interferencias notables en el trabajo científico. Los propios investigadores han ido reconociendo en cada vez mayor número la pertinencia de una limitación al derecho irrestricto a investigar. No todos, por cierto, como vimos más arriba.
¿El empalme de genes es una tecnología segura, prudente y moral? se preguntó Robert Sinsheimer, presidente de la 150 Fundación Rockefeller. Durante miles de millones de años, en un juego de azar y selección, los cambios naturales de los genes han determinado el curso de la evolución. Ahora, la genética, ciencia de la herencia, ha abierto el libro codificado de la vida. Podemos manipular los genes y dirigir el curso futuro de la evolución. La tecnología genética es algo totalmente nuevo. En primer lugar, y como hizo la síntesis en la química, transforma la propia ciencia biológica. Ésta, que era una ciencia descriptiva, ha devenido en parte una ciencia manipulativa y hasta si se quiere una tecnología. En segundo lugar, su impacto en las técnicas será profundo; por ejemplo, diseño de cereales que soporten plagas o sequías, programación de microorganismos que desarrollen fármacos, etc. En tercer lugar, terapias para desórdenes genéticos, reemplazo de genes “malos” por genes “buenos”. Los seres humanos provienen del mismo DNA y se construyen con las mismas moléculas que los otros seres vivos. Pero si empezamos a percibirnos nada más que como otra cosecha a ser procesada, sólo como otra especie a ser mejorada, perderemos nuestro soplo de humanidad y acabaremos todo sentido de dignidad humana.
