La Bomba y los físicos soviéticos
Bajo la presión de Stalin y la vigilancia de Lavrenti Beria, un grupo de físicos encabezado por Igor Kurchatov desarrolló la primera bomba atómica soviética, detonada en 1949.
Stalin se enteró por el Presidente Truman en Postdam (Julio, 1945) de que Estados Unidos “tenía un arma nueva de fuerza destructiva inusual”. No se le dijo que era un artefacto atómico. El otro, que conocía a través de su espionaje el programa de la bomba, no dio indicación alguna de que sabía lo que quería significar el norteamericano. Pero, vuelto a casa, urgió a Lavrenti Beria, el segundo más temido, a encarar un programa acelerado, a cualquier costo, para lograr la bomba soviética. La bomba americana le dijo el dictador al corresponsal del “Sunday Times” británico estaba hecha para asustar a los de nervios débiles. Él los tenía buenos y, además, confiaba en que había tiempo para alcanzarlos. Klaus Fuchs, el espía soviético en Los álamos, había suministrado la descripción detallada de la bomba de plutonio de junio de 1945.Pero, sobre todo, se disponía de un grupo de físicos de primer nivel mundial para obtenerla. El núcleo estaba en el laboratorio de Igor Kurchatov, ubicado en las afueras de Moscú, demasiado cerca. Se decidió la ubicación de un nuevo laboratorio cerca de Sarov, a 400 km. Se lo conocería como “la Oficina del Volga” o “Arzamas”.
A los científicos e ingenieros se les brindaron condiciones de vida privilegiadas. El “archipiélago blanco” era un paraíso y ellos gozaron de salarios relativamente suculentos. Las condiciones materiales reflejaban la convicción de Stalin de que los científicos soviéticos, disponiendo de lo necesario, podían superar a los extranjeros. Eso sí, secreto absoluto y control absoluto de la seguridad por parte de los agentes de Beria. Arzamas fue aislado totalmente del mundo; una zona de 250 km. cuadrados fue rodeada de cercos y alambradas. Al tiempo de acercarse la prueba del artefacto el clima político del país se endureció. En agosto de 1948, Trofim Lysenko obtuvo su victoria sobre la “genética burguesa” y poco
después se lanzó la campaña contra el “cosmopolitismo”, un eufemismo por “los judíos”. Stalin mantenía sospechas sobre la admiración de los científicos por la cultura extranjera y sostenía que el Partido era la suprema autoridad en la ciencia. A Kurchatov se le abrió una investigación bajo dudas de amparo a colegas judíos y admiración por la ciencia occidental. Pero los jerarcas querían la bomba cuanto antes y no tenían más remedio que confiar en él. Los científicos, por su parte, sabían lo que podía costarles un fracaso, pero siempre dejaron en claro que no fueron motivados por el miedo: los que trabajaban en el proyecto creían, por un lado, que su país necesitaba la atómica para defenderse; por el otro, asumen el desafío de demostrar el valor de la ciencia soviética construyendo la bomba en el menor tiempo posible. No puede negarles una componente muy fuerte de patriotismo. El propio Andrei Sakharov, quien empezó a trabajar en la super bomba (la termonuclear o de hidrógeno) en 1948 y se constituyó en Arzamas 16 en 1950, reconoció: “Nosotros creíamos que 58 lograría un equilibrio en el mundo”. Nicolai Dollezhal, el diseño nuestro trabajo era absolutamente necesario como medio diseñador del primer reactor, dejó escrito en sus Memorias que sí “Hiroshima había sido un acto repulsivo de cínico anti humanitarismo”, la bomba soviética no significaba para él que sería usada. Si vis pacem para bellum.
después se lanzó la campaña contra el “cosmopolitismo”, un eufemismo por “los judíos”. Stalin mantenía sospechas sobre la admiración de los científicos por la cultura extranjera y sostenía que el Partido era la suprema autoridad en la ciencia. A Kurchatov se le abrió una investigación bajo dudas de amparo a colegas judíos y admiración por la ciencia occidental. Pero los jerarcas querían la bomba cuanto antes y no tenían más remedio que confiar en él. Los científicos, por su parte, sabían lo que podía costarles un fracaso, pero siempre dejaron en claro que no fueron motivados por el miedo: los que trabajaban en el proyecto creían, por un lado, que su país necesitaba la atómica para defenderse; por el otro, asumen el desafío de demostrar el valor de la ciencia soviética construyendo la bomba en el menor tiempo posible. No puede negarles una componente muy fuerte de patriotismo. El propio Andrei Sakharov, quien empezó a trabajar en la superbomba (la termonuclear o de hidrógeno) en 1948 y se constituyó en Arzamas en 1950, reconoció: “Nosotros creíamos que 58 lograría un equilibrio en el mundo”. Nicolai Dollezhal, el diseño nuestro trabajo era absolutamente necesario como medio diseñador del primer reactor, dejó escrito en sus Memorias que sí “Hiroshima había sido un acto repulsivo de cínico anti humanitarismo”, la bomba soviética no significaba para él que sería usada. Si vis pacem para bellum.
Simétricamente con Lysenko (quien sostenía que “la genética burguesa quería minar la teoría materialista de la historia”) la Universidad de Moscú comenzó a cuestionar la Física, específicamente la mecánica cuántica y la teoría de la Relatividad. Tanto Abraham Loffe (el alma mater de la Física de su país) como Peter Kapitsa, defendieron la autonomía de la ciencia. Beria, enojado, le preguntó a Kurchatov si la Relatividad era “idealista”, esto es, antimaterialista. El físico le contestó que si se la rechazaba había que renunciar a la bomba. Stalin cerró la discusión: “Déjalos en paz. Siempre tendremos tiempo para fusilarlos”. En 1949 se hizo estallar la primera bomba atómica soviética. La velocidad con que se había logrado dejó atónito al mundo. Hasta entonces, los norteamericanos habían sostenido que los rusos necesitan no menos de diez años, sino veinte. Lo habían hecho cuatro. En 1951 la segunda, mitad del tamaño y dos veces más poderosa que la americana. En 1953 detonaron la primera bomba termonuclear del mundo. Stalin no destruyó la física de su país porque ella era necesaria para el poder del Estado. Se puede decir que la supervivencia de la física soviética fue el primer ejemplo de contención nuclear exitosa. En tiempo de la “guerra fría” científicos occidentales juzgaron el hecho así: “La bomba atómica, el símbolo más potente de la hostilidad entre la Unión Soviética y el Oeste, salvó a la comunidad que constituía un importante lazo cultural e intelectual entre Occidente y la URSS”. Esto se verá claramente con el ejemplo de los logros pacifistas que encarnó Andrei Sakharov en los tiempos decisivos del liderazgo político de Gorbachev.
