Luis Pagani: un liderazgo que resiste las crisis y piensa en el país

En el mundo empresario argentino hay un nombre que se repite como sinónimo de constancia: Luis Pagani, presidente de Grupo Arcor. Hijo de uno de los fundadores de la compañía, tomó las riendas en 1993 y desde entonces ha atravesado crisis económicas, devaluaciones y transformaciones del mercado sin abandonar un estilo que combina prudencia financiera, innovación industrial y compromiso con la comunidad.
En diálogo con La Nación, Pagani lo resumió con crudeza: “Ser empresario es mucho más que generar valor económico a una compañía. También tiene que pensar en el bienestar de la comunidad de la que forma parte y saber ‘jugársela’ en un país donde las reglas de juego cambian constantemente”. Esa definición marca el pulso de su liderazgo, donde la rentabilidad convive con la idea de responsabilidad social.
Una mirada industrial de largo plazo.
Cuando consideró el mando, Arcor ya era una marca conocida en la región, pero Pagani apostó a internacionalizar la compañía. “Invertimos gran parte de las utilidades”, recordó en una entrevista con Revista Fortuna, al explicar la estrategia de reinversión que permitió expandirse a más de 100 países. Para él, la clave no está en aprovechar coyunturas sino en preparar la estructura para resistir los vaivenes locales: “Lo importante es lograr un ordenamiento de la macroeconomía que permita atraer e incentivar inversiones de calidad”, planteó en otro reportaje reciente.
Ese énfasis en la previsibilidad se traduce en un control obsesivo sobre la estructura de costos y de deuda. Pagani lo explica con sencillez: “Si uno no tiene un control permanente de los gastos fijos y de los vencimientos, cualquier crisis te deja sin aire”. Esa mentalidad cauta, más ligada a la gestión de riesgo que a la apuesta especulativa, se convirtió en un sello de su liderazgo.
La palabra empresario “cascoteada”
El propio Pagani no evade la crítica social al sector que representa. “La palabra empresario ha sido muy cascoteada en los últimos años”, admitió ante un auditorio del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas. Para él, el rol de quienes dirigen compañías debe ser repensado: “Tenemos que ser más claros en la comunicación. No alcanza con dar empleo o pagar impuestos; Tenemos que mostrar que aportamos al desarrollo del país”.
Ese discurso contrasta con la imagen habitual de los capitanes de industria. Pagani habla pausado, evita estridencias, pero elige palabras firmes cuando se refiere a la necesidad de reglas claras. En una entrevista con Clarín insistió: “Tenemos una oportunidad si hacemos las cosas bien. No depende solo de las empresas, sino de un marco que incentiva a producir y exportar”.
Un estilo discreto, pero firme.
Quienes lo conocen destacan su bajo perfil.No suele exponerse en exceso en la vida pública, aunque su figura es central en los debates económicos. Él mismo explicó esa postura: “Prefiero que hable la empresa. Nuestra mejor carta de presentación son los productos que llegan todos los días a millones de personas”.
Sin embargo, cuando toma la palabra, busca dejar claro su pensamiento. Sobre la presión impositiva, por ejemplo, sostuvo: “No se puede pretender que la industria crezca si se la asfixia con cargas que no existen en otros países competidores”. Para Pagani, la defensa de la producción nacional es inseparable de su rol de empresario.
El legado de un líder industrial
A lo largo de tres décadas de conducción, Pagani se convirtió en Arcor en una de las multinacionales más relevantes de origen argentino. Pero su mirada va más allá de la facturación o la expansión territorial. “El verdadero desafío es sostener el empleo y la innovación en contextos tan volátiles como los que vivimos”, reflexionó en una entrevista con medios internacionales.
Ese legado se traduce en números —más de 20 mil empleados y operaciones en América, Europa y Asia—, pero también en un estilo que sus pares reconocen: cautela financiera, innovaciónpermanente y un compromiso explícito con el país.En sus palabras, “los empresarios no podemos ser espectadores: tenemos que ser protagonistas del desarrollo”.
