La maquinaria moderna y cómo influye en los seres humanos
La televisión reúne a millones de personas ante una misma pantalla, pero también puede reducir el diálogo y profundizar el aislamiento dentro de la vida familiar.
Como tantos engendros de la tecnología piénsese en el automóvil, en el “walkman” que usan los adolescentes la televisión aísla aún dentro de la familia. Parece como si la técnica, que inició al cooperar de los hombres en los tiempos de la Revolución Neolítica, es hoy una fuente de aislamiento de las personas. Pero lo cierto es que la tecnología cuyos inmensos beneficios en otros órdenes hacen fácil su defensa está para quedarse y tenemos que vivir con ella. El propio Heidegger, un filósofo a quien se tiene por anti tecnológico, dijo que la gente que “está en contra” de la tecnología es inauténtica, no tiene una visión inteligente de la historia, pues la tecnología es parte de nosotros y de nuestro destino; no podemos vivir sin ella, en un cierto sentido es nuestro ser. Lo que somos como seres humanos modernos representa en parte lo que somos mediante la tecnología.
La televisión está para quedarse y hay que aprender a vivir con ella. Hacia dentro del hogar, hay que administrar y seleccionarla, ponerle límites y contrapesos. Nunca reemplazará, si no la dejamos, a los libros y la música. Hacia afuera, hay que discutirla, ser exigentes con sus niveles culturales y estar muy atentos a su poder insidioso. Ese poder corresponde siempre a los hombres y es responsabilidad humana. Cuando. por ejemplo, la CNN escamotea la guerra del Golfo comunicada al mundo por una network aséptica en la que no habla sufrimiento ni crueldad ni sángrala responsabilidad fue de los manipuladores políticos, no de la tecnología.
Esencialmente, hay que atender a las fantásticas posibilidades educativas y culturales de ese medio. Para dar sólo dos ejemplos clásicos. Quienes las pudieron ver en su momento, tendrán seguramente por inolvidables dos series relacionadas con la ciencia y la tecnología: una fue “Cosmos” de Carl Sagan, el astrónomo y humanista recientemente desaparecido; la otra, “El Ascenso del Hombre”, escrita y dirigida para la televisión inglesa por otro gran desaparecido, Jacob Bronowski, matemático y poeta. Y esto de la televisión inglesa quizá la mejor del mundanos lleva a una experiencia que una vez se hizo en ese país en la que las estrellas eran filósofos consagrados.
El “Times” de Londres comentó hace unos años el éxito de una serie televisiva de la BBC. “Por su seriedad y alcance, no 44 entrevistas en las que algunos de los mayores filósofos hayan habido nada igual en la televisión general.” Se trataba de lengua inglesa entre ellos Isaiah Berlin, A.J. Ayer, T. Hare, W. V. Quine, N. Chomsky, Hillary Putnam Habían dialogado con Brian Magee sobre sus temas dentro de la filosofía moderna. Qué estaban haciendo, por qué era importante su labor, qué dicen las corrientes activas de la filosofía de hoy, cuál era la problemática viva de la filosofía moral, de la filosofía política, de la filosofía de la ciencia. Hay que advertir que, previamente, aún la gente de la televisión “sería” tenía resquemores sobre la iniciativa. ¿Qué podría mostrarse en un programa sobre filosofía? Responder: “a filósofos hablando”, entraba en conflicto con un axioma profesional: “No se lo digan a los televidentes; muestrenlo”. Lo que menos querrían ver los televidentes eran “cabezas parlantes”, apropiadas sólo para la radio. Pero esto resultó un falso prejuicio acerca de lo que es y lo que no es visualmente interesante. En al análisis posterior se vio que para la mayoría de las personas los objetos más interesantes del mundo son otras personas. Y si la imagen de mayor interés es la de otro ser humano actuando, la más grande atracción es observar a gente bien dotada cuando habla de lo que sabe. °Es fascinante decían las cartas al diario observar a la gente pensar y más aún, si sobresalen en ello”.
Aquella experiencia ayudó a sacudir también otras inhibiciones. Que hay que limitarse a mostrar sucesos, ya que la gente no tiene interés en una comprensión cabal de los problemas. Que hay que entretener solamente. Que el espectador rechaza temas arduos. Que el objetivo central es retener la atención por cualquier medio. Se vio que la discusión seria e inteligente es superior al informar, entretener y divertir, aunque esos sean objetivos normales del medio. Volviendo a la televisión que tenemos aquí. En el país hay dos categorías de espectadores, los que ven los canales comunes y los que tienen cable. Los más optimistas en cuanto al medio están entre estos últimos, con una experiencia favorecida por opciones, menos determinada por la burocracia y más conectada con el mundo externo. Entre ellos están los que pueden imaginar mejor las posibilidades creativas de esta maravilla tecnológica de nuestro tiempo.
