Productividad, Madurez, Valor del Grupo

HEMOS EXPUESTO CON EXTENSIÓN la naturaleza, el carácter y la mecánica del grupo democrático formal. Hemos formulado muchos juicios de valor. Hemos supuesto constantemente que existen grupos deficientes y grupos mejores; que hay grupos útiles y grupos relativamente inútiles; que los grupos, como los personajes en una película del Oeste para la televisión, pueden dividirse en “buenos” y “malos”. También hemos dado a entender que conocemos la diferencia. Ha llegado el momento de considerar los juicios de valor, y aclarar por lo menos las opiniones generales en cuanto a la calidad del grupo. Ésta es probablemente la parte más difícil del libro.
Toda la tabla de valores de nuestra cultura debe entrar en este análisis. Podemos decir que nuestra cultura es una síntesis de la tradición grecorromana con la filosofía judeocristiana, altamente influida por el concepto puritano de la Reforma y finalmente destilada de los ideales de la democracia. En otras culturas, tal vez donde la paz y la tranquilidad fueran los fines supremos, nuestra idea de valor del grupo estaría lastimosamente fuera de lugar. Nuestra tradición cultural pide que trabajemos mucho, que lleguemos a ser productivos, que seamos abnegados, que el bien de muchos es más importante que el bien de unos pocos, y así sucesivamente. Sólo es posible establecer consideraciones válidas con respecto a lo que hace que un grupo sea valioso según esta tabla de valores. “Debe de haber cosas más importantes en que ocupar nuestro tiempo”; o “comprendió usted qué se esperaba que lográramos esta noche?”. Otros se quejan, “Nuestra discusión parece dar vueltas, jamás decidimos algo”; mientras que los satisfechos comentan, “Esta sí que fue una buena reunión, pudimos realizar algo”.
Éstos y otros mil comentarios más son prueba de que la evaluación del grupo se realiza constantemente, y que consciente o inconscientemente todos participamos. Estamos interesados en la calidad de nuestros grupos. Las dificultades de comunicar los juicios de valor de nuestra cultura con respecto al valor de los grupos constituyen en gran parte un problema de semántica. Una lista de adjetivos podría ser esclarecedora. Compárense enérgico, potente, experimentado, vigoroso, útil, estimulante, y dinámico, con perezoso, sedentario, dilatorio, estático, pueril y apagado. Adjetivos semejantes a éstos clasifican las actividades grupales y nuestra cultura nos ha condicionado a separar rápidamente los “buenos” de los “malos”.
La mayoría de nosotros nos enorgullecemos de pertenecer a grupos que logran hacer cosas importantes. Como integrantes de tales grupos probablemente estemos altamente motivados para participar en profundidad y obtengamos gran satisfacción de nuestra calidad de miembros. Un análisis de estas actitudes revela que los miembros de los grupos tienen dos grandes preocupaciones. ¿Qué estamos haciendo? ¿Y cómo lo vamos hacer? Las funciones de resolver problemas y de logro de la acción conciernen a la selección, la definición y el logro de metas que satisfagan las necesidades comunes. La segunda tarea, la función del proceso, trata de la formación, el mantenimiento y el fortalecimiento de la estructura del grupo y del esquema de la actividad. Será provechoso estudiar brevemente la función de resolver problemas bajo el título de “productividad” y la función del proceso bajo el título de “madurez”. La combinación de ambas, con las consideraciones añadidas aparte, constituirá nuestro concepto final de “valor de grupo”. La evaluación se deberá basar sobre esto.
LA PRODUCTIVIDAD DEL GRUPO
La productividad puede ser analizada desde varios puntos de vista. Este es probablemente el punto de vista más importante para este libro. Por lo general consideramos productivo a un grupo que selecciona eficazmente metas realistas y las logra eficaz y eficientemente. La evaluación total de la productividad relativa de los grupos se tiñe a menudo por los juicios sobre los “costos” de tal productividad. En los grupos democráticos existe preocupación por la dignidad del individuo, sus derechos, sus intereses, sus necesidades, y su desarrollo. Así, el juicio acerca de la productividad en relación con el logro de metas se hace por lo general tomando en consideración el empleo de medios aceptables. La productividad también puede ser analizada desde el punto de vista de la comunidad o de la sociedad en general. Desde el punto de vista de la comunidad o de la sociedad en general, el grupo que promueve y logra el máximo para el bien general puede ser considerado el más productivo. Sin embargo, los autores prefieren tratar ese aspecto de la productividad desde el punto de vista del valor del grupo.
