1 julio, 2026

John Vincent Atanasoff, junto con Clifford Berry, construyó en 1939 la Atanasoff-Berry Computer, una máquina digital, binaria y electrónica que anticipó el desarrollo de computadoras posteriores como la ENIAC.

Otro personaje de esta historia es el norteamericano John Vincent Atanasoff. Nació En 1903, en el seno de una familia amante de la ciencia y las matemáticas. Su padre era un ingeniero eléctrico que había emigrado de Bulgaria y su madre, maestra de escuela, era una entusiasta de la matemática. Atanasoff participó destacadamente en las innovaciones que se produjeron en la computación durante los años cuarenta, construyendo la primera computadora electrónica. Después de un doctorado en física teórica, se dedicó a la enseñanza y la investigación. Al igual que le ocurrió a Pascal, tropezó con la fastidiosa realidad de los cálculos que exigían mucho tiempo y esfuerzo. Comprendía que la resolución de los problemas se demoraba excesivamente por razones mecánicas y no de fondo. Y lamentaba el despilfarro de esfuerzo mental que tenían que hacer sus alumnos para resolver ecuaciones.

Empezar por el ABC

Atanasoff era conocedor de la máquina de Pascal y de las teorías de Babbage. Y se sintió tentado por la idea de recoger la antorcha inventora. Había pocas realizaciones y se estaba a las puertas de la gran revolución tecnológica en el campo del procesamiento automático de la información. El proyecto de calculadora que elaboró este ingeniero se resume en estas cuatro características:

-digital;

-con memoria de carga eléctrica;

-en sistema binario (no decimal);

-de funcionamiento no mecánico.

El conjunto de características del proyecto de calculadora de Atanasoff permiten llamarla una computadora. A diferencia de otros intentos contemporáneos, no era analógica, y digital de base decimal. La memoria había de consistir en un dispositivo de almacenamiento mediante carga eléctrica. Y el funcionamiento del aparato no debía ser puramente mecánico.

Para llevar adelante el proyecto consiguió una subvención inicial de seiscientos cincuenta dólares de la Universidad de Iowa, a la que sumaría otras subvenciones de fundaciones privadas, hasta llegar a los dos mil dólares. Con ello compró material y contrató a tiempo parcial a un ayudante, Clifford Berry, estudiante de ingeniería. El mismo año (1939), acababa su computadora, que fue denominada con las siglas ABC, Atanasoff-Berry-Computer. La economía de medios y el ingenio demostrado deben calificarse de excelentes, sobre todo si se considera que la Mark I costó medio millón de dólares y contó con la dedicación de un nutrido equipo. La ABC estaba formada por tres centenares de tubos de vacío. Carecía, por consiguiente, de elementos mecánicos como estructura central, a diferencia de la Mark I. No intervienen elementos móviles que se cerrarán y abriesen, con lo que resultaba más rápida, pequeña y silenciosa. La ABC podía resolver hasta 29 ecuaciones con 29 variables. Pero no era una computadora de propósito general completo, porque estaba circunscrita a la resolución de cierto tipo de problemas matemáticos. No obstante, su anticipación en la investigación de un sistema completamente electrónico fue un hecho muy notable. Y la computadora ABC se erigió en modelo de las que le sucedieron, entre ellas la Eniac.

Atanasoff conoce a Mauchly y a Eckert

La efervescencia experimental en el mundo científico era grande. De los centenares de matemáticos, físicos e ingenieros que trabajaron con inteligencia y dedicación en estos balbuceos electrónicos, tan sólo podemos citar algunos.

Atanasoff y Mauchly coincidieron, en diciembre de 1940, en un congreso que organizó la AAAS, la American Association for the Advancement of Science (Asociación Americana para el Progreso de la Ciencia), que cuenta entre sus actividades la edición de una de las revistas científicas más importantes del mundo, Science. Este encuentro de dos investigadores fue muy provechoso, aunque años más tarde mantuvieron una agria discusión, que llegó a plantearse ante medios jurídicos federales, en torno a quién correspondía la auténtica paternidad de la computadora electrónica.

John Mauchly había acudido al congreso científico para presentar una comunicación sobre un pequeño calculador digital de su invención. Dirigía el departamento de física de una escuela universitaria de Filadelfia y tenía alumnos que se enfrentaban a problemas similares a los de los alumnos de Atanasoff, con la consiguiente lentitud en las operaciones de cálculo. Estos estudiantes disponían, a lo sumo, de una regla de cálculo y de una tabla de logaritmos, lo cual nos parece hoy muy rudimentario y de escasa ayuda. Si hubieran dispuesto de una calculadora electrónica de bolsillo, como la que apareció en los años setenta, posiblemente sus profesores no se habrían ocupado de aparatos de cálculo. Mauchly construyó el calculador mencionado con el propósito de cubrir una evidente laguna. No sabía este profesor que su intento le llevaría más tarde a fabricar un aparato de 30 toneladas. Al año siguiente del encuentro con Atanasoff, Mauchly decidió ampliar sus conocimientos con unos estudios de ingeniería eléctrica en la escuela Moore, de la Universidad de Pensilvania. Allí trabajaba como técnico de laboratorio J. Presper Eckert.La afinidad de intereses les llevó a colaborar y a tomar la decisión de fabricar un calculador electrónico. Mientras tanto, Eckert viajó a Iowa para visitar a Atanasoff y conocer la computadora ABC. Los tres personajes de nuestra historia ya habían trabajado.