29 mayo, 2026

El documento analiza cómo la técnica habría pasado del reemplazo del esfuerzo muscular a la automatización electrónica, liberando al ser humano de tareas repetitivas y ampliando su capacidad creadora.

Con el progreso de la técnica mecánica y de las ciencias y en particular de la matemática el hombre fue eliminando ese tipo de asociación forzosa del hombre instrumento y del hombre máquina, y se fue liberando de su primitiva servidumbre al instrumento, que caracterizó los largos primeros estadios de su evolución biológica y técnica. En esos primeros estadios, la técnica fue reemplazando el trabajo muscular del hombre por el trabajo mecánico; este reemplazo fue muy lento; piénsese solamente en lo que se tardó en llegar a la rueda para vehículos, comenzada a usar en la Mesopotamia hace apenas 5.000 años; en Egipto, 1.500 años más tarde: pese a que allí se usaba desde mucho antes la rueda de alfarero; y en China y Suecia, todavía 600 años después.

Gracias a la técnica electrónica el hombre puede dejar libre su mente para la labor creadora y para el goce liso y llano de la vida, que es una de las más importantes tareas humanas. La máquina electrónica sustituye enteramente el trabajo de producción del hombre; él fija la tarea y ella la ejecuta. En el proceso de ejecución la máquina electrónica va proporcionando los datos necesarios para la corrección o incorrección de su funcionamiento, y hasta de su estructura. En las fábricas con controles automáticos el hombre no necesita vigilar, tenso o azorado, el funcionamiento de las máquinas para corregir sus defectos. Ellas mismas los advierten, y si están adecuadamente equipadas, los corrigen. La corrección puede exceder los límites de su capacidad, como le ocurre a cualquier organismo biológico. Puede decirse, sin asomo de error, que las máquinas electrónicas han demostrado ser capaces de tomar “decisiones” respecto de la tarea que realizan. El hombre las está dotando de ese poder.

Las máquinas se fatigan; sufren por falta o exceso de alimento, por falta o exceso de actividad; padecen crisis semejantes a las nerviosas, que irán en aumento a medida que se fabriquen máquinas electrónicas más complejas. Las máquinas electrónicas ultrasensibles del futuro necesitarán, como los hombres ultrasensibles de las ciudades que las fabriquen, “clínicas” que las curen de sus “crisis nerviosas”. El automatismo en la técnica mecánica es una etapa crucial de la técnica evolutiva. El sistema de control es la parte más importante de todas las formas de automatismo, y comprende: una “unidad sensorial’, que informa lo que ocurre en el mecanismo en función, en cuanto a velocidad, presión, densidad, tamaño, peso o cualquier otra cosa medible; una “unidad de memoria, o registro principal, que sabe lo que debería estar ocurriendo; una “unidad de cotejo” que compara la información que ha recogido la unidad sensorial, con lo que la unidad de memoria tiene fijado, y que indica lo que debe hacerse; y una unidad de realización, que cambia el proceso u operación de acuerdo con las instrucciones de la unidad de cotejo.

La rapidez y precisión con que una máquina de control advierte los cambios o alteraciones en el proceso de creación que le está encomendado, no podría ser suplida por una cadena de hombres que fuera desde el punto de control hasta el punto en que ocurre la alteración o cambio, retornando al punto de control nuevamente. La técnica electrónica salva al hombre de ser la principal víctima de la creciente complejidad de sus creaciones técnicas. En las primeras décadas de este siglo, el crecimiento obligado del proceso de producción llevó a la mecanización de infinidad de tareas, que obligaron a la mayor parte de los obreros de todo el mundo a trabajar como engranajes de la máquina que atendían. Se miró con espanto a veces con ironía y como un descenso del hombre, su agotadora servidumbre a la máquina. Pero fue, quizás, un tributo necesario, pues apresuró la madurez de la automatización, que está reparando esa grave falla. La automatización está librando al hombre de la repetición fatigosa de una misma tarea o movimiento: es, podríamos decir, “humana”. El sistema de control automático no es una creación exclusiva de nuestros días, aunque sí lo es en la forma en que está extendiéndose. El molino de viento, la máquina de vapor, el regulador de voltaje, son viejos ejemplos. El termostato es un sistema de control parecido al del organismo humano. Nuestro organismo, como todo lo que vive, está sujeto a controles automáticos; cuando estos controles fallan, la vida corre peligro. Cada una de nuestras vísceras, de nuestros tejidos, se mantienen y funcionan en base a ese sistema de control. Hay una correlación estrecha entre el sistema de control biológico, por el cual se compensan, dentro de ciertos límites, los cambios que se producen en el ambiente, interno y externo, y el sistema de control automático mecánico.

Los progresos de la técnica son tan grandes, que más de una vez se ha planteado el problema de si no están llevando al hombre por el camino de su agostamiento o distorsión biológica. Se piensa que las máquinas automáticas han mecanizado el músculo del hombre y que el computador electrónico ha mecanizado su cerebro. Debe en cambio pensarse, que al no exigir al músculo y al cerebro respuestas mecánicas que hoy pueden dar las máquinas automáticas y el computador electrónico, los dejan libres para actividades en que la concepción y la creación juegan el papel principal.